2015-07-10 13:26:46
sorelestat
El cuchillo cayó al suelo. Su cuerpo estaba cubierto de sangre. Una muchedumbre lo esperaba. Pudo sentir su odio. Él dibujó una sonrisa en el rostro. Nada importaba, ya estaba hecho. El cambio empezaría pronto. La primera piedra que lo tocó lo hirió en la cabeza. No dejó de sonreír, aunque un hilillo de sangre corría por su frente. Varios individuos le dijeron todas las palabras con las que se puede insultar a una persona. Las rocas empezaron a caer más rápido, hasta que una mujer se acercó e incrusto su tacón en la rodilla del hombre que seguía inamovible. Las personas se acercaron y lo golpearon. Halaron su cabello. Una anciana le arrancó uno de sus ojos. Una niña ayudada por su madre, le destrozó el brazo derecho con un martillo. Un negro se quedó con el pene y sus testículos en la mano. Mi abuelo le estranguló el corazón. Pero él jamás dejó de sonreír, al fin y al cabo él era el hombre que había asesinado a Dios.
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