Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

miércoles, 11 de mayo de 2016

POR ELLA



2015-05-15 12:54:00
sorelestat

El amanecer está por llegar. Estoy a su lado. Se encuentra dormida. Toco sus labios, están un poco fríos, han perdido el calor que sentí cuando la besé por primera vez. Fue un beso tímido, tierno, como esos que se dan los jóvenes cuando son prisioneros del amor y la pasión. Estoy viejo, arrastro la tragedia de una larga vida, mi alma carga el peso de muchos años. Si existe esa fábula del amor a primera vista, se puede decir que a mí me paso, fui embrujado por esos ojos oscuros el primer día que la vi junto a sus amigas. Su sonrisa inocente se estrelló contra mi perversión, contra la maldad de mi vida, y eso me gusto. La aceché en la oscuridad, la encontré y la amé.
La beso en los ojos, ojalá estuviera despierta para volver a beber de ella mientras la poseo. Su piel no tiene el brillo que me sedujo. Sé que su madre no sabe qué hacer, el viejo gordo que se ha tomado la atribución de ser su padre y médico de la familia no ha encontrado la cura para el mal que la aqueja. Puedo sentir el ritmo de su corazón, es música para mí. El olor que emana de ella me atrae. Corro la cobija que la cubre y veo a través de la pijama su cuerpo que hasta ahora empieza a redondearse, sus curvas incipientes le dan un aire de mujer adulta que me enloquece. Desde nuestro primer encuentro la visito para tomar su vida. Con cada gota de sangre que bebo la hago mía, apropiándome de su alma, de su amor. Miro la luna, muy pronto deberé irme. Así que sello nuestro pacto de amor. Clavo mis colmillos en su cuello, el cual posee mi marca. Le robo un poco más de su existencia. Mi mordisco la acerca más a la muerte. La acerca más a mi lado. Para que sea mi amante eterna. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario