Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

miércoles, 11 de mayo de 2016

ESCRITOS DE UN VIEJO INDECENTE


2014-03-11 17:08:28


Nota Express, 14-15 DE ABRIL DE 1975


Sentarse con una botella ante la máquina de escribir no es la manera más fácil de atravesar el horror- Soñé durante toda la vida con ser escritor y ahora los demonios me tienen acorralado. Escribir agudiza los sentimientos hasta tal punto que estamos a merced de todos los acontecimientos. Una brizna de hierba se convierte en una espada; una aventura amorosa nos desgarra las tripas. Con las pocas personas que conozco, finjo ser el tipo duro pero no engaño a nadie. Una de mis virtudes (según el tópico) es mi capacidad para echar unas risas de vez en cuando. Sin eso, mete sus 8 horas, regresa a casa hecho polvo y satisfecho. En el caso del escritor no hay nunca satisfacción; siempre está el siguiente trabajo por hacer. Nuestras propias palabras nos afilan. Mi chica me dice:
—Dios mío, sí que eres susceptible. Me recuerdas a uno de esos peces en Merineland. Tienen púas por todas partes. Basta con que le toques una y el pez se pone como loco. Voy a llevarte allí para enseñarte esos peces.
—Vale, llévame. Quiero ver uno de eso peces.
Tenemos montado una especie de show. Una vez me quedé plantado delante del espejo del cuarto de baño con una cuchilla contra el cuello. Me mire —los ojillos entornados, serios— y no pude por menos de reír. Otra vez probé con el gas. No dio resultado. Me desperté con un dolor de cabeza horrendo. John Berryman, el poeta, lo consiguió hace poco saltando a un río desde un puente. Eso sí que es estilo. Tengo un amigo que escribe. Tiene cicatrices de cuchillas en ambas muñecas.
Escribir supone crear y esperar.. el correo es lento y el sueldo escaso. Me las apaño para hacer recitales que te lleven en avión a alguna parte y te paguen por leer tu poesía. Y que algunas mujeres quieran acostarse contigo, y además están las copas gratis. No me acuesto con la mujeres porque estoy enamorado de mi novia, pero he aceptado alguna que otra copa.
No me gusta recitar pero es un manera de ganarse la vida y la mayoría de los públicos son sorprendentemente animados y comprensivos. Y ocurren cosas divertidas. Una vez en Michigan dejé los poemas y le eché un pulso a un alumno. Eso sí que es la hostia: me pagaron 400$ por echar un pulso. Gané, pero el chaval dijo que hice trampa. Joder, cuando uno llega a mi edad, tiene que hacer trampas.
Otra vez, en Kansas City, la persona que tenía que llevarme llegó borracha al aeropuerto. Y estaba nevando, a finales de marzo.
—Bienvenido a Kansas Shitty, Bukowski. —El conductor me echó una botella de tequila a las manos. Acepté y nos montamos en el coche. La autopista estaba helada y resbaladiza. Había zanjas a ambos lados y de vez en cuando se veía un coche hundido en la cuneta.
—Oye, Andre —, déjame que te lea un poema.
Lo había escrito mi novia y el caso es que era SEXY. Llegué a cierto verso y Andre dijo: “¡Dios santo!”, y se perdió el control del coche. Empezamos a hacer trompos y levanté la botella y dije: “Andre, no vamos a salir de ésta…”
Deparrapamos hasta un zanja pero no volcamos. Hacía frío y no había calefacción en el coche y bebí mientras Andre sacaba a pasear el pulgar.
¿Y quién fue a parar? Otro borracho. Tenía botellas de cerveza por todo el suelo y un quinto de whisky. Llegamos al recital.
Otra vez me dieron habitación en una residencia para universitarias. Si crees que una situación así no pone a prueba tu amor…
En un recital a beneficio de Patchen en las colinas de beneficio de Patchen en las colinas de Hollywood estaba sirviendo un par de copas tras la barra después de recitar cuando se me acercó una jovencita. Era una criatura preciosa: cuerpo, cara, ojos, pelo, todo lo necesario.
—Bukowski —dijo——, tus poemas son los únicos. Haces quedar a los demás poetas a la ás poetas a la altura del barro.
—Bueno, gracias. Es posible que no sea inmortal pero al menos soy inteligible.
—Quiero echarte un polvo.
—Perdona, pero voy a llevarle esta copa a mi chica.
¿Ventajas adicionales? Acabó con Dylan Thomas y a muchos otros poetas lo ha arrastrado hacia una inmensa imbecilidad. Al público poético hay que respetarlo, y rehusarlo…

Céline, después de Viaje, empezó a echar pestes de que los editores le estaban tomando el pelo. El sino de un escritor es que se queden con él. A lo único que puede aspirar un escritor es a la mera supervivencia (otro tópico) para poder seguir escribiendo hasta que muera. Céline perdió el sentido del humor después de Viaje. Por descontado, la guerra lo vapuleó, tuvo que abandonar su ciudad y sus pacientes no pagaban las facturas. Pero al menos era médico, tenía algo para seguir adelante además de una cinta para la máquina de escribir. Los escritores no son más que mendigos con una buena frase de presentación. Ir por libre lleva su tiempo; Dios es el cartero y por lo visto a Dios muchas veces le trae sin cuidado.
Por suerte para la mayoría, no tenemos las malas costumbres de las masas. Los coches nuevos nos aburren; la televisión es inane; la ropa no importa. Nuestra mayor preocupación es esa llamada ebria al este de Kansas City. Y a menudo contamos con una buena mujer que impide que nos vengamos abajo. Somos fieles a nuestras mujeres porque entregamos nuestros sentimientos sin cortapisas, pero en otros sentidos las tratamos mal. No se nos da bien escuchar. Sus amigos parecen estúpidos. Sosos. No entendemos cómo nadie más puede ser ni remotamente interesante… Los escritores somos mala gente. Las mujeres se han portado bien con nosotros… Yo diría que casi siempre, detrás de cada buen escritor, había una mujer buena que te cagas. Quítale el amor y la mitad de la obra de un artista se va al carajo…
Vale, es mejor que darle a la manivela de la prensa. No hay despidos. Naturalmente, un hombre puede acostarse por la noche siendo escritor y despertar por la mañana y no ser nada. El talento puede desvanecerse en un golpe de segundero. Aun así, es una buena lucha. Está bien morir en tu propio campo de batalla. ¿Cuántos hombres y mujeres están haciendo de veras lo que mejor pueden hacer? Esa autopista a las 7:30 de la mañana los días laborales es la viva imagen del horror del siglo. Uno de ellos, en cualquier caso. Se nos da a cada cual las horas de nuestra vida en aburridos turnos de trabajo en beneficio de otros hombres, y se nos pide además que estemos agradecidos por hacerlo. Desde luego, pese a todo lo que lloramos respecto de escribir, somos los más afortunados. El precio está casi más allá de la cordura, pro la lucha es buena.
Hay momentos y momentos resplandecientes: estás hastiado del asunto pero te permites ser feliz a veces & estúpido. ¿Por qué no? La mayor parte de la gente lo es, ¿no? ¿Qué causa hay tan sagrada que un hombre no pueda ser feliz de vez en cuando? ¿Por qué no? Ya hemos pasado por lo otro… el siseo de los chorros de gas, o estar delante de ese espejo con la cuchilla de afeitar oxidada. Cosas de críos. Joder, puedes sentirte como un Hemingway a veces. Yendo a una corrida, pongamos por caso, con el cigarrillo colgando de los labios (soy mitad Hem, mitad Bogart), una pinta de whisky del bueno en el abrigo, y del abrigo, y del brazo, una mujer 20 años más joven y fogosa, una mujer que sabe que estás metido en la buena lucha, las palabras corriéndote por dentro a la espera de tomar forma, caminas con ella y la chispa es buena, el fuego es bueno, los carbones brillan, claro, camina como si lo poseyeras, esta hora este momento este tiempo, te quiere, Bukowski, y tienes una Royal Standard y suficiente cinta como para estrangularte con ella, la chica camina a tu lado, buena y orgullosa, y el primer toro ya ha salido, lo están banderilleando, lo debilitan, todos esos veranos pasados, todas esas otras mujeres, las celdas, los espejos suicidas, los funerales, las noches en el dormitorio solo, despedazados por los lobos del salami podrido: Jane, Gertrude, Barbara, Frances, Incluso Frances, y Linda, Linda. No puedo contener todas mis entrañas. Estoy atrapado bajo la panza del cielo.
Ahora escribes estas columnas, Bukowski. ¿Cuánto tiempo serás capaz de seguir escribiendo estas columnas?
No lo sé. Dostoievski lo hizo. Supongo que puedo hacerlo yo.
¿Qué es lo mejor que has hecho últimamente?
Bueno, me ligué a una chica con gonorrea en Hollywood Boulevard.
¿Quieres decir que la pillaste?
Quiero decir que no la pillé.

Mientras tanto, os veré, chicos y chicas, en el Olympic algún jueves por la noche, con el pitillo a lo Bogart colgando, cerveza en mano, y si tengo suerte, mi amor a mi lado. Si no tengo suerte, estaré solo. Deséame suerte. Los boxeadores japoneses y mexicanos tienen agallas. El hombre negro y el hombre blanco son los que andan enfurruñados. Se alimentan de talento endogámico, pero ya no están lo bastante furioso. Yo sigo furioso y entretenido. Sólo mirando otras cosas puedo decirte quién soy. Si te invito a una birra, tú deberías invitarme a otra. No es que estés obligado. Los toros y los boxeadores y la palabra. De pronto me siento bien. No va a durar pero lo aceptaré. Ahora dime tú algo.

Charles Bukowski.



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