Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

martes, 10 de mayo de 2016

PROFECIA


2013-01-27 20:47:00
sorelestat

(Publicado fanzine ‘Etcétera - Arte, letras y otras hierbas’)

 

Mi cuerpo tiembla, temo mirar, pero lo hago. Tu sangre impregna mi piel. El cuchillo de mi mano cae inerme contra el suelo. Al fin la visión se vuelve nítida y puedo ver que estoy encima de tu cuerpo. Él cual está destrozado por el sinnúmero de puñaladas que enceguecido te propiné. En un ataque delirante de estupidez, me ensañé contra ti, destruyendo tu belleza, en cada corte que hice a tu carne, parecía buscar ese algo que me tiene atado a ti, que hace que te ame, que te hace mi dueña. Intento acariciarte con mis manos rojas por tu sangre, puedo olerla, sentirla, la siento en mi boca y recuerdo que besé tus heridas imitando al más romántico de los vampiros, mientras una mano torpe acariciaba mi pequeño pene, creando una sensación de impotencia porque jamás volvería a estar dentro de ti. Clausuro mis ojos tratando de ahogar unas hipócritas lágrimas... Separo mis parpados y siento como la cuerda, corta la piel, mis pulmones no se pueden llenar porque la forma en que estoy atado lo impide. Me apuntas con un viejo revólver de la guerra de Corea que perteneció a mi abuelo. Tu mirada grita, la cagaste y por eso estás muerto. Me estremecí y el miedo recorre mi cuerpo. En mi cabeza como un tambor retumbando en mi parietal izquierdo en letras doradas se escribía esa frase que tanto voceo "Si con mi muerte satisfago tu crueldad, así lo haré señora mía". Y sintiéndome como el Quijote, galopando en Rocinante, en busca de mi tuerta y desdentada Dulcinea, espero que tu dueña mía dispongas de mi vida. Escupes, injurias, blasfemas palabras que golpean mi epidermis como latigazos, productos de un látigo cruel, fabricado con tu rabia y dolor. Sello los ojos cuando los proyectiles que has disparado abrasan mi piel... Trato de abrirlos de nuevo, pero siento la mirada cansada, soy viejo y estoy postrado a una silla de ruedas. Me hallo solo, ese frío que me visita es porque tú no estás a mi lado. Tu ausencia se divierte con mi taquicardia que sufre mi corazón de rana. Ensayo gritar tu  nombre, pero la lengua se vuelve polvo y así cada parte de mí, cuando intento evocarte. La soledad se aferra a mí como el abrazo de una boa, mientras me esfumo en el aire...

Abro los ojos, grito, y no despiertas. Abrazo tu cuerpo desnudo, tratando de infundir en tu piel mi amor. Sin imaginar que aquel sueño era profético. Tres días después yo me marchaba de tu lado.


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