2015-05-29 12:58:12
sorelestat
Ilustración Hieloh
Su silencio me desespera. Estrello mi puño contra su rostro. Aprieto el cuchillo. No puedo hacerlo, si él muere todo terminará antes de que yo encuentre una solución. Está atado a la silla, mantiene su mirada fija en el computador. Sé que si continua escribiendo moriré y en el proceso asesinaré a la mujer que amo. Él me mira y sonríe a pesar de que la sangre brota de sus labios. Le pertenezco, soy su creación, él es mi dios. Soy gordo, pequeño y cojeo de la pierna izquierda, lo que me ha atado a una muleta de por vida. Quiero preguntarle porque me hizo así, pero no hay tiempo, debo pensar en cosas más importantes. Su nueva novela no lleva más de doscientas páginas y yo ya he asesinado a quince personas. Y la siguiente en la lista es la mujer que me mostró sus piernas y me permitió besarla a través de su ropa interior de pepitas. Como asesinar a la mujer que me mostró el cielo, que no se burló de lo bizarro de mí figura.
Todo comenzó después de que ella y yo hicimos el amor por primera vez. Al principio pensé que esa voz que escuchaba era igual a las otras que habitan en mi cabeza, las que me han aconsejado matar. Con el tiempo supe que era el escritor y qué era lo que se proponía. De ese modo lo busqué y lo detuve. Para evitar que ella muriera a manos de éste loco que ha bañado sus palabras en sangre.
Mierda. Mierda. Mierda. Es la única forma. Alguien más debe morir para que ella sobreviva. No lo pienso más. Lo hago. Paso el cuchillo por mi garganta…
El escritor se deja caer, rompiendo la silla, liberándose de su atadura. Con premura se acerca al computador y con la respiración entrecortada empieza a escribir:
El hombrecillo cae al suelo después de cortar su garganta con el cuchillo. Él cree que es la única forma de ahogar sus deseos de matar. La forma de salvar a la mujer que ama. Pero el cuchillo no ha dañado nada importante. Él se salvará, si la ambulancia no se tarda en llegar…
Golpean la puerta, el escritor se levanta de su lugar. Mira al hombrecillo y exclama:
—Aún no puedes morir, aún necesito matar a la puta de mi esposa.

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