Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

viernes, 1 de febrero de 2019

AJEDREZ


Se sentó en la silla del parque como lo hacía desde hace 100 años. Abrió el ajedrez y mientras su compañero llegaba empezó a acomodar las piezas. Se sacudió el azufre de sus hombros y bebió un coca cola fría para enfriar su garganta. Leyó dos cuentos de Borges, su amigo no llegaría, pasaron cinco meses desde la última vez que se encontraron. No quería pensar que estaba solo. Debía aceptarlo, Dios había muerto.

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