La amaba tanto para saber que sin ella
se moría. Todo empezó la noche que entre tragos y besos terminaron teniendo
sexo sobre la alfombra. Ella era su todo, su obsesión. Así que emulando a Van
Gogh se cortó la oreja y se la envió en una caja de madera acompañado de una
nota: Sin ti, me desmorono. Ella no respondió. Llegó el dedo anular con
su respectiva nota: Si ti, no existirá
un anillo con tu nombre. Ella no
respondió. Llegó su mano derecha con su respectiva nota: Sin ti, no vale la
pena escribir. Era grotesco, pero le gustaba, le hablaría la próxima vez.
Cuando abrió la caja estaba su corazón y la respectiva nota: Sin ti, para
que usarlo.
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