La
mano de Marlon temblaba mientras sostenía el revólver contra la
cara del asesino.
Este reía, sabía que no podría matarlo, el hombre
que lo amenazaba
era de los buenos, dos años en el psiquiátrico y volvería a las
calles para probar la sangre de alguna chiquilla. El
detective miró
al sargento que guardaba silencio, la psiquiatra le decía, que el
tipo estaba enfermo, que no sabía lo
que
hacía, que
no
era consiente por su forma de actuar. Cerró los ojos y vio el cuerpo
desnudo de la última víctima, una niña de ocho años que había
sido estrangulada. Apretó el gatillo varias veces, las seis balas
destrozaron la cabeza del psicópata.
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