Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

miércoles, 6 de febrero de 2019

INSTANTE


Mientras cruzaba el puente peatonal, la madre se detuvo a contestar el teléfono, soltó a su hijo por un minuto. El niño asomó la cabeza y escupió. El salivazo cayó contra el carro del político,  que pensaba en los calzones de  la joven que fue a pedirle trabajo. Frenó con fuerza al ver la mancha en el parabrisas. El policía que se preguntaba si su mujer lo engañaba, se estrelló contra él. El señor cura al tener que detenerse maldijo su suerte, llegaría tarde a la cita, la mujer que le había prometido una tarde de sexo se marcharía creyendo que era un cobarde. El reverendo bajó del automóvil marcando el teléfono. El chófer de la buseta logró verlo y paró en seco, haciendo que la viejita se orinara en los pantalones. El tipo empujó la mano más adentro de los pantis de la estudiante, la señora que iba sentada, lo golpeó con el bolso y le gritó pervertido. El ladrón se hirió  con el puñal  que llevaba en la pretina del pantalón, no había podido tomar el celular de la joven que la contaba a su amiga, que su nuevo novio era un fiasco en la cama. El taxista dio un bostezo y no pudo evitar meterse debajo de la buseta. Este salió enfurecido y amenazó al chófer con la cruceta. El conductor sacó el revólver que tenía bajo la silla. Disparó tres veces al aire. El joven escritor que iba soñando con el premio Nobel no se dio cuenta cuando una de las balas le atravesó el cerebro.

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