Llevaba
más de 20 minutos esperando a que la mujer que había transportado
regresará con el dinero de la carrera. Algunos de sus colegas
contaban la historia de una joven que se hacía pasar por un fantasma
para no pagar. Por muy bonita que fuera ni porque le hubiera
permitido ver el color de su ropa interior, no le iba a ver la cara
de pendejo, nadie lo iba a robar. Salió del automóvil y fue a
tocar. El frío se le metió entre la ropa, algunas gotas de lluvia
se le estrellaron en el rostro. Tuvo que golpear tres veces, la
última la hizo con rabia. La puerta se abrió, estaba oscuro no pudo
ver nada, por instante pensó en marcharse, antes de que tomará la
decisión, una mano huesuda se asomó entre las sombras y lo agarró,
su piel se quemó por el contacto de aquellos dedos. Trató de gritar
pero fue halado hacia adentro. La puerta se cerró tras él. El taxi
fue remolcado por una grúa a las 7 de la mañana ya que su conductor
no apareció por ningún lado.
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