Estaba
harto de tanta mierda, de tanta injusticia. De la comedia en la que
se había vuelto su país. Personas desaparecidas todos los días,
otras muriendo de hambre en las calles y en los hospitales. Mujeres
maltratadas y asesinadas, hombres engañados y esclavizados, niños
convertidos en ángeles. El pueblo gritando igualdad y los poderosos
jugando golf en otros lugares. Lo pensó, lo analizó, la lucha o el
carnaval de colores no tumbaría al malvado tirano, por tres meses
buscó una solución y la encontró. Una bala, una mujer sacrificada,
miles de heridos, cinco policía muertos y el tirano caería. Salió
de su casa, pidió perdón por lo que iba hacer, era la único modo.
Empezó a caminar, se aseguró que el arma estuviera preparada. Un
taxista frenó en seco al escuchar el celular, la ciclista maniobró
para no chocar, el chófer del bus giró el timón lo más rápido
que pudo. El bus partió en dos al soñador. El pueblo sigue
esperando ser escuchado.
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