Lo
perseguían como a un perro, no estaba seguro en ningún lado, era el
enemigo público más buscado. Su pecado haberse enfrentado a todos
para defender sus ideas. Después de tres años de fuga fue
capturado, juzgado y sería ejecutado en la plaza principal. Luego de
la proclama del alcalde, apareció su amigo, tuvo una leve esperanza,
tal vez él estaba ahí para ayudarlo. Ya no se sentía solo. Su
amigo entrecerró los ojos, se limpió las lágrimas, levantó el
brazo y lanzó la primera piedra de las que se estrellarían contra
su cuerpo.
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