—La radio: El fin ha
llegado, el nuevo virus amenaza con extinguir la especie. Los científicos se
han declarado impotentes ante el nuevo flagelo que nos azota. Las iglesias
están llenas, la gente ha empezado a buscar apoyo entre sus líderes
espirituales. El santo padre ha dicho que ha llegado el momento del perdón y del
arrepentimiento, que debemos estar listos para el final.
Él escupió sangre por
tercera vez, le dolía la garganta, llevaba tres días con fiebre y parecía que
su hija menor se había contagiado del mismo virus. Se sentía tan adolorido y
agotado, que no tenía fuerzas ni para reír, pensó en lo que había escuchado en
las noticias, en aquella locura que parecía venir de una orgía entre el cielo y
el infierno. Así que tomó una decisión, buscó el revólver de su padre entre las
cosas olvidadas. Lo limpió y lo cargó. Fue al cuarto de su hija, besó a su hija
pequeña en la frente, le puso la almohada en la cara y no dejó de apretar hasta
que la niña no paró de moverse. La mayor soñaba con su novio mientras su padre
le disparaba en la cara. Su hijo gritó, no pudo correr, tres balas acabaron son
su vida. Su esposa rodó por las escaleras al ver sus ojos inyectados por la
locura. Para ella la muerte fue la paz, en la caída se había roto las piernas y
una de sus costillas le había atravesado el pulmón. Bajó y se sentó en el sillón,
puso el arma en su boca y disparó.
—La radio se encendió a
las 6:30 de la mañana: Un científico colombiano ha entregado los resultados de
su investigación sobre el virus XYA-329, y su conclusión es que no es mortal
como se informó en primera instancia, solo es una cepa mutada de la gripe. Los
gobiernos han empezados jornadas de vacunación, para evitar complicaciones pulmonares.
Así que les pedimos que detengan los desmanes, que el caos ocasionado por la exageración
de algunos informes acabe. La vida debe continuar.
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