Camino
con lentitud, la lluvia se mete entre mis huesos. Intento encender un
cigarrillo, alcanzo a darle tres chupadas antes de que se apague, mis
ropas están empapadas, no me importa, no sé que hago bajo la lluvia
que azota la ciudad, solo siento la tristeza carcomiendo mi corazón,
devorando mi cerebro. Estoy
al borde de la locura, trato de sonreír, algunas veces quiero ser
feliz. Sigo en mi marcha sin fin, cruzo el centro de la ciudad y me
dirijo hacia el sur. Continuo avanzando, uno de mis zapatos se
despega, mi pie sangra por una piedra que piso. Me detengo y abro los
ojos, veo que
estoy en el lugar que
alguna vez llamé hogar.
Las luces están encendidas, escucho voces, el corazón me duele.
Podría golpear la puerta, adentro encontraría un plato de comida
caliente, tal vez aún guarden uno de mis zapatos, tendría un abrazo
y un beso de mi hija, soportaría la mirada de reproche de mi mujer;
pienso, creo por un instante que eso alejaría mi depresión por un
par de horas. Sonrío con la idea, me acerco a la puerta con la
intención de tocar,
no podre evitar que me vean como un fracasado, hace 6 años me
fui, porque me iba a
convertir en escritor; lo único que he conseguido es que tres
editoriales me rechacen, cinco cuentos publicados, no he ganado un
centavo con ellos y ceder varios poemas a un poeta, para poder comer.
Así que retomo mi marcha, me alejo, esperando que mi ropa se seque
para ir a la iglesia de San Judas por un poco de sopa caliente.
Me hice escritor para no convertirme en un asesino.
viernes, 22 de febrero de 2019
viernes, 15 de febrero de 2019
LA CASA
La
lluvia me ha despertado, mi ropa está mojada, me levanto.
Busco
donde protegerme,
soy el único que camina
a medianoche en el parque. Debo soportar el frío que se cala en cada
una de mis células. Al fin llego a un lugar seco, una vieja casa que
lleva una década abandonada, dicen que aquí se cometió un crimen
atroz, un hombre asesinó a su familia antes de ahorcarse. No pienso
en ello, solo quiero poder escapar del aguacero que ahora ha
arreciado. Encuentro dos cajas que me servirán de colchón. Me
desvisto, mi cuerpo empieza a temblar, sonrío al imaginar mi cadáver
helado, sería un gran titular para El Espacio: "Viejo muere
desnudo y congelado". Froto mi cuerpo, intentando recuperar un
poco el calor que se ha ido. Veo unos periódicos, con los cuales me
cubro. Cuando la lluvia se detiene, empiezo a sentir que el aire me
hace falta, por raro que suene veo que las paredes se estrechan, como
si quisieran atraparme, sudo, quiero ponerme en pie, hay una fuerza
que lo impide. Observo alrededor, solo es oscuridad, esta forma una
boca que quiere tragarme. Escucho la voz de dos niños que me invitan
a jugar con ellos. Mi pene se pone erecto, no puedo evitarlo, es como
si alguien lo acariciara. Oigo unas cadenas que se acercan. Otra vez
trato levantarme, lo logro, me dirijo a la puerta, no abre, lo
intento con desespero, sigue sin abrir, la cosa que viene
detrás de mí está cerca, angustia, empiezo a gritar, otro
intento, lloro, la puerta cede, salgo, corro por más de diez
cuadras, hasta que la policía logra detenerme, para preguntarme qué
putas pasa conmigo corriendo desnudo a las tres de la madrugada.
viernes, 8 de febrero de 2019
MARLON
La
mano de Marlon temblaba mientras sostenía el revólver contra la
cara del asesino.
Este reía, sabía que no podría matarlo, el hombre
que lo amenazaba
era de los buenos, dos años en el psiquiátrico y volvería a las
calles para probar la sangre de alguna chiquilla. El
detective miró
al sargento que guardaba silencio, la psiquiatra le decía, que el
tipo estaba enfermo, que no sabía lo
que
hacía, que
no
era consiente por su forma de actuar. Cerró los ojos y vio el cuerpo
desnudo de la última víctima, una niña de ocho años que había
sido estrangulada. Apretó el gatillo varias veces, las seis balas
destrozaron la cabeza del psicópata.
jueves, 7 de febrero de 2019
EL HUÉSPED
La
lluvia brotó
de
la nada. Tuve que detener mi caminata y buscar refugio en esa pequeña
vivienda en medio de la nada. Golpeé
la
puerta. Sonreí, la casa parecía sacada de una vieja película de
viernes 13. Una niña de unos ocho años me abrió la puerta, estaba
sucia y uno de sus ojos era cubierto por el párpado que caía en
forma de grano; se le unió un niño más pequeño, su rostro estaba
marcado por el sarampión. Vino un hombre grande y gordo, sus dientes
tenían rastros de lo último que había comido. Con su mano grasosa
me dio la bienvenida, me invitó
a
seguir, me llevó
a
la
mesa
para
compartir
su cena que consistía en arroz y garbanzos duros. Su mujer que tenía
el cabello sucio y desordenado, vestía un vestido transparente que
dejaba ver un par de tetas caídas y
unos
calzones viejos que no podían ocultar el gran tamaño de sus nalgas.
Eran amables, trataban de hacer amena la comida. Yo esperaba el
momento
en que aparecería Latherface con su motosierra. Me ofrecieron un
café, algo amargo y frío. Lo bebí, pensé que no habiendo más, no
podía ser exigente, así que saqué los cuchillos que guardaba en mi
maleta y di comienzo a mi festín.
miércoles, 6 de febrero de 2019
INSTANTE
Mientras
cruzaba el puente peatonal, la madre se detuvo a contestar el teléfono, soltó a
su hijo por un minuto. El niño asomó la cabeza y escupió. El salivazo cayó
contra el carro del político, que pensaba en
los calzones de la joven que fue a pedirle
trabajo. Frenó con fuerza al ver la mancha en el parabrisas. El policía que se
preguntaba si su mujer lo engañaba, se estrelló contra él. El señor cura al
tener que detenerse maldijo su suerte, llegaría tarde a la cita, la mujer que
le había prometido una tarde de sexo se marcharía creyendo que era un cobarde. El reverendo bajó del automóvil marcando el
teléfono. El chófer de la buseta logró verlo y paró en seco, haciendo que la
viejita se orinara en los pantalones. El tipo empujó la mano más adentro de los
pantis de la estudiante, la señora que iba sentada, lo golpeó con el bolso y le
gritó pervertido. El ladrón se hirió con
el puñal que llevaba en la pretina del
pantalón, no había podido tomar el celular de la joven que la contaba a su
amiga, que su nuevo novio era un fiasco en la cama. El taxista dio un bostezo y
no pudo evitar meterse debajo de la buseta. Este salió enfurecido y amenazó al chófer con la cruceta. El conductor
sacó el revólver que tenía bajo la silla. Disparó tres veces al aire. El joven
escritor que iba soñando con el premio Nobel no se dio cuenta cuando una de las
balas le atravesó el cerebro.
martes, 5 de febrero de 2019
EL ESCRITOR GORE
Ocho
mujeres violadas y destripadas. Un par de sospechosos. Un detective despistado.
Un asesino inteligente. 352 páginas de sangre, vísceras, una oda a la
violencia. Su última novela estaba terminada. Su editor estaría encantado.
Apagó el computador. Se puso las pantuflas que su hija le había regalado, usó
una bufanda para protegerse del frío de la noche. Fue a la cocina, calentó un
café y un té para su esposa. En la sala vio que ella dormía abrazada a su viejo
gato. La cubrió con una manta. Se sentó a su lado y empezó a leer a Thomas Mann,
mientras esperaba que despertara para entregarle su regalo de aniversario,
llevaban 42 años juntos, la amaba como
desde el primer día que la vio en la biblioteca.
lunes, 4 de febrero de 2019
SOLEDAD
Se
quitó la máscara de conejo. Dejó caer el
cuchillo. Se sentó en la silla. Trató de limpiar la sangre de sus brazos. Miró
todos los cuerpos destajados y destripados que estaban a su alrededor. Por un
momento se sintió solo. El asesino lloró.
viernes, 1 de febrero de 2019
AJEDREZ
Se sentó en la silla
del parque como lo hacía desde hace 100 años. Abrió el ajedrez y mientras su
compañero llegaba empezó a acomodar las piezas. Se sacudió el azufre de sus
hombros y bebió un coca cola fría para enfriar su garganta. Leyó dos cuentos de
Borges, su amigo no llegaría, pasaron cinco meses desde la última vez que se encontraron.
No quería pensar que estaba solo. Debía aceptarlo, Dios había muerto.
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