Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

viernes, 22 de febrero de 2019

CAMINATA


Camino con lentitud, la lluvia se mete entre mis huesos. Intento encender un cigarrillo, alcanzo a darle tres chupadas antes de que se apague, mis ropas están empapadas, no me importa, no sé que hago bajo la lluvia que azota la ciudad, solo siento la tristeza carcomiendo mi corazón, devorando mi cerebro. Estoy al borde de la locura, trato de sonreír, algunas veces quiero ser feliz. Sigo en mi marcha sin fin, cruzo el centro de la ciudad y me dirijo hacia el sur. Continuo avanzando, uno de mis zapatos se despega, mi pie sangra por una piedra que piso. Me detengo y abro los ojos, veo que estoy en el lugar que alguna vez llamé hogar. Las luces están encendidas, escucho voces, el corazón me duele. Podría golpear la puerta, adentro encontraría un plato de comida caliente, tal vez aún guarden uno de mis zapatos, tendría un abrazo y un beso de mi hija, soportaría la mirada de reproche de mi mujer; pienso, creo por un instante que eso alejaría mi depresión por un par de horas. Sonrío con la idea, me acerco a la puerta con la intención de tocar, no podre evitar que me vean como un fracasado, hace 6 años me fui, porque me iba a convertir en escritor; lo único que he conseguido es que tres editoriales me rechacen, cinco cuentos publicados, no he ganado un centavo con ellos y ceder varios poemas a un poeta, para poder comer. Así que retomo mi marcha, me alejo, esperando que mi ropa se seque para ir a la iglesia de San Judas por un poco de sopa caliente.

viernes, 15 de febrero de 2019

LA CASA


La lluvia me ha despertado, mi ropa está mojada, me levanto. Busco donde protegerme, soy el único que camina a medianoche en el parque. Debo soportar el frío que se cala en cada una de mis células. Al fin llego a un lugar seco, una vieja casa que lleva una década abandonada, dicen que aquí se cometió un crimen atroz, un hombre asesinó a su familia antes de ahorcarse. No pienso en ello, solo quiero poder escapar del aguacero que ahora ha arreciado. Encuentro dos cajas que me servirán de colchón. Me desvisto, mi cuerpo empieza a temblar, sonrío al imaginar mi cadáver helado, sería un gran titular para El Espacio: "Viejo muere desnudo y congelado". Froto mi cuerpo, intentando recuperar un poco el calor que se ha ido. Veo unos periódicos, con los cuales me cubro. Cuando la lluvia se detiene, empiezo a sentir que el aire me hace falta, por raro que suene veo que las paredes se estrechan, como si quisieran atraparme, sudo, quiero ponerme en pie, hay una fuerza que lo impide. Observo alrededor, solo es oscuridad, esta forma una boca que quiere tragarme. Escucho la voz de dos niños que me invitan a jugar con ellos. Mi pene se pone erecto, no puedo evitarlo, es como si alguien lo acariciara. Oigo unas cadenas que se acercan. Otra vez trato levantarme, lo logro, me dirijo a la puerta, no abre, lo intento con desespero, sigue sin abrir, la cosa que viene detrás de mí está cerca, angustia, empiezo a gritar, otro intento, lloro, la puerta cede, salgo, corro por más de diez cuadras, hasta que la policía logra detenerme, para preguntarme qué putas pasa conmigo corriendo desnudo a las tres de la madrugada.

viernes, 8 de febrero de 2019

MARLON


La mano de Marlon temblaba mientras sostenía el revólver contra la cara del asesino. Este reía, sabía que no podría matarlo, el hombre que lo amenazaba era de los buenos, dos años en el psiquiátrico y volvería a las calles para probar la sangre de alguna chiquilla. El detective miró al sargento que guardaba silencio, la psiquiatra le decía, que el tipo estaba enfermo, que no sabía lo que hacía, que no era consiente por su forma de actuar. Cerró los ojos y vio el cuerpo desnudo de la última víctima, una niña de ocho años que había sido estrangulada. Apretó el gatillo varias veces, las seis balas destrozaron la cabeza del psicópata.

jueves, 7 de febrero de 2019

EL HUÉSPED


La lluvia brotó de la nada. Tuve que detener mi caminata y buscar refugio en esa pequeña vivienda en medio de la nada. Golpeé la puerta. Sonreí, la casa parecía sacada de una vieja película de viernes 13. Una niña de unos ocho años me abrió la puerta, estaba sucia y uno de sus ojos era cubierto por el párpado que caía en forma de grano; se le unió un niño más pequeño, su rostro estaba marcado por el sarampión. Vino un hombre grande y gordo, sus dientes tenían rastros de lo último que había comido. Con su mano grasosa me dio la bienvenida, me invitó a seguir, me llevó a la mesa para compartir su cena que consistía en arroz y garbanzos duros. Su mujer que tenía el cabello sucio y desordenado, vestía un vestido transparente que dejaba ver un par de tetas caídas y unos calzones viejos que no podían ocultar el gran tamaño de sus nalgas. Eran amables, trataban de hacer amena la comida. Yo esperaba el momento en que aparecería Latherface con su motosierra. Me ofrecieron un café, algo amargo y frío. Lo bebí, pensé que no habiendo más, no podía ser exigente, así que saqué los cuchillos que guardaba en mi maleta y di comienzo a mi festín.

miércoles, 6 de febrero de 2019

INSTANTE


Mientras cruzaba el puente peatonal, la madre se detuvo a contestar el teléfono, soltó a su hijo por un minuto. El niño asomó la cabeza y escupió. El salivazo cayó contra el carro del político,  que pensaba en los calzones de  la joven que fue a pedirle trabajo. Frenó con fuerza al ver la mancha en el parabrisas. El policía que se preguntaba si su mujer lo engañaba, se estrelló contra él. El señor cura al tener que detenerse maldijo su suerte, llegaría tarde a la cita, la mujer que le había prometido una tarde de sexo se marcharía creyendo que era un cobarde. El reverendo bajó del automóvil marcando el teléfono. El chófer de la buseta logró verlo y paró en seco, haciendo que la viejita se orinara en los pantalones. El tipo empujó la mano más adentro de los pantis de la estudiante, la señora que iba sentada, lo golpeó con el bolso y le gritó pervertido. El ladrón se hirió  con el puñal  que llevaba en la pretina del pantalón, no había podido tomar el celular de la joven que la contaba a su amiga, que su nuevo novio era un fiasco en la cama. El taxista dio un bostezo y no pudo evitar meterse debajo de la buseta. Este salió enfurecido y amenazó al chófer con la cruceta. El conductor sacó el revólver que tenía bajo la silla. Disparó tres veces al aire. El joven escritor que iba soñando con el premio Nobel no se dio cuenta cuando una de las balas le atravesó el cerebro.

4 AÑOS DE PíLDORAS

Estamos de fiesta, un día como hoy en el 2015 empezó este viaje. 


martes, 5 de febrero de 2019

EL ESCRITOR GORE


Ocho mujeres violadas y destripadas. Un par de sospechosos. Un detective despistado. Un asesino inteligente. 352 páginas de sangre, vísceras, una oda a la violencia. Su última novela estaba terminada. Su editor estaría encantado. Apagó el computador. Se puso las pantuflas que su hija le había regalado, usó una bufanda para protegerse del frío de la noche. Fue a la cocina, calentó un café y un té para su esposa. En la sala vio que ella dormía abrazada a su viejo gato. La cubrió con una manta. Se sentó a su lado y empezó a leer a Thomas Mann, mientras esperaba que despertara para entregarle su regalo de aniversario, llevaban 42 años juntos, la amaba como desde el primer día que la vio en la biblioteca.

lunes, 4 de febrero de 2019

SOLEDAD


Se quitó la máscara de conejo. Dejó caer el cuchillo. Se sentó en la silla. Trató de limpiar la sangre de sus brazos. Miró todos los cuerpos destajados y destripados que estaban a su alrededor. Por un momento se sintió solo. El asesino lloró.

viernes, 1 de febrero de 2019

AJEDREZ


Se sentó en la silla del parque como lo hacía desde hace 100 años. Abrió el ajedrez y mientras su compañero llegaba empezó a acomodar las piezas. Se sacudió el azufre de sus hombros y bebió un coca cola fría para enfriar su garganta. Leyó dos cuentos de Borges, su amigo no llegaría, pasaron cinco meses desde la última vez que se encontraron. No quería pensar que estaba solo. Debía aceptarlo, Dios había muerto.