El asesino arrojó el
cuchillo con fuerza. Enterró el cuerpo
del anciano que había sido su última víctima. Trató de limpiar la sangre y
bilis de sus botas, al final decidió quitárselas. Lo mismo hizo con la ropa. Se lavó las manos más de 60 veces tratando de borrar el olor a sangre y carne
podrida. Se vistió con unas prendas viejas y
holgadas. Entró descalzo al lugar. Quiso devolverse, marcharse, seguir con vida,
continuar cortando con el cuchillo. Pero no podía, lo había prometido, este era
el primer paso. Al final todo era por amor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario