La práctica lleva a la
perfección. Sus cortes eran profundos y exactos. Con 46 víctimas, era lógico que
fuese un maestro. El moribundo mañana seria noticia y él podría dormir por unos
días hasta que las voces en su cabeza regresaran. Eso era tan solo una excusa,
a él le gustaba lo que hacía. Todo había empezado cuando vengó la muerte de su
esposa. Había destajado y destripado a la persona que la había violado y asesinado.
Fueron más de cincuenta cuchilladas, una a una las contó, ninguna entró por el
mismo lugar. Para él fue un renacer, había encontrado una razón para
vivir. Después de el segundo homicidio
se dijo que estaba en una misión salvadora, para liberar al mundo de asesinos,
violadores y pederastas. Luego tendría que inventar lo de las voces
cuando sus presas empezaron a incluir mujeres, niños y cualquier criatura que
se dejara cortar con el cuchillo. Pronto se encontraría conmigo, yo vengaría la
muerte de mi familia y lo haría sufrir tanto que mi dolor se extinguiría.
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