Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

viernes, 24 de marzo de 2017

EL HILO ROJO

La penetró con agresividad y terminó por detrás antes de cortarla por primera vez. El creía que se le había otorgado un don, un don para producir dolor, así era, cada sujeto que caía en sus garras conocía el sufrimiento en todas sus dimensiones, era capaz de hacer tanto daño antes de que su víctima muriera, que su depravación hacía ruborizar al mismo diablo. Pero no todo terminaba allí, poseía la capacidad de ver el hilo rojo de la persona que moría, así que cortarlo era la culminación de su obra, era lo que más le daba placer, no era una sola alma la que destruía, si no la de dos amantes que jamás que se conocerían. Hoy era diferente, estaba furioso, tenía rabia, ira contra la mujer que trataba de protegerse con los brazos de los cortes de su cuchillo, le había roto la nariz con la segunda bofetada, la había violado con una sed animal, la había cortado tan finamente que había logrado retirar el sesenta por ciento de la piel antes de que esta se desmayara por primera vez. Se masturbó mientras ella daba la última bocanada de vida. Los ojos le brillaron al ver el hilo rojo, tiró con fuerza de él y pudo sentir un fuerte tirón en su corazón, volvió hacerlo y de nuevo sucedió lo mismo, pero estaba tan enojado, que no se dio tiempo a pensar un segundo y lo cortó. Un vacío empezó a formarse en su corazón. Dobló las rodillas y cayó. Lloró y el cuchillo escapó de sus manos. Dejó escarpar un lamento que se convertía en un grito agónico. Le dolía pecho, pudo ver su propio hilo cercenado y de ese modo conoció el amor. 

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