Ella lo besó con
lujuria, era la recompensa por recuperar el dinero de la pobre viuda. Él a
través de la ropa interior dibujo la forma de sus nalgas, esta noche le haría
el amor y mañana olvidaría su nombre. Miró con desprecio el despojo que era el
hombre que le había ayudado a encontrar la última pista del caso. Le había
partido la nariz en dos, destrozado dos costillas y cerrado un ojo de un puñetazo, el
tipo era un tozudo para hablar, hubo que apretarlo un poco. El detective suspiro
con desgano, mientras esperaba a su abogado, se lamentó porque la vida real no
se parecía un poco a las novelas de detectives. Jamás debió romperle cada uno
de los huesos de la mano al villano para averiguar el paradero de la adolescente
que se había fugado con su novio, ahora este lo había demando por lesiones
personales. Además más tarde tendría que explicarle a su pareja que su caricia
era inocente cuando le tocó el culo a la secretaria y no acoso sexual como ella afirmaba.
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