Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

viernes, 1 de marzo de 2019

EL POLICÍA


La primera piedra que se estrelló contra él le reventó un ojo. El policía no entendía que sucedía, por qué la turba enardecida iba contra él. El color de su uniforme había bastado para que se convirtiera en objetivo de aquellas personas que clamaban justicia. Quiso decir algo, pero alguien le hizo saltar cuatro dientes cuando lo golpeó con un palo. El siguiente impacto le destrozó el tabique. Sintió como un cuchillo entraba por su espalda y perforaba el hígado, el estómago se llenó de sangre. Quiso gritar y lo hizo. Las personas vieron esto como un desafío, siguieron descargando su frustración sobre él. Lloró mientras el filo de un puñal le hacía trizas el pulmón izquierdo. Las neuronas no trasmitían sensación alguna, así que no sintió nada mientras era arrastrado por las calles, soportó aquella tortura por cuatro horas, hasta que una de sus lágrimas tocó el asfalto. Su cerebro quedó contra la acera por un disparo de su propia arma. Una niña esperaba la llegada de su padre, para saber qué pasó con la Cenicienta. La madre aguardaba a su marido para decirle que de nuevo sería padre.

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