Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

viernes, 22 de marzo de 2019

LUKE


Esperó a que el escritor se durmiera para escabullirse entre las cobijas, con cuidado para no despertarlo. Saltó a la ventana que estaba abierta, salió y brincó al techo de la vecina. Maulló al sentir la brisa de la noche, le gustaba caminar por los tejados del barrio. Entró a una casa a hurtadillas, siguiendo su olfato, un pedazo de pollo abandonado en la mesa terminó en su panza. Mientras descansaba sobre un muro, vio un ratón, con el cual jugó hasta que se aburrió de él, después le arrancó la cabeza. A la una de la mañana percibió un aroma embriagador que lo enloqueció, el llamado de la naturaleza, el perfume de la gata de doña Isabel, la felina más guapa de la zona. Cuando el héroe llegó, vio que un gato fino, de esplendoroso pelaje, le hacía la corte a su amada. Él era el rey de la noche y de la calle, así que lo retó a duelo. Al rumor de pelea, una multitud de perros y gatos se agolparon alrededor de los guerreros. Él era diestro con las garras, en cinco minutos sometió a su adversario, este le pidió perdón, en un gesto de magnanimidad lo dejó marchar. Todos aclamaron al vencedor. Se acercó a la gata a reclamar su premio, ella se lo entregó complacida. De ese modo pasaron el resto de la noche. Al amanecer se despidió de su amante. Antes de llegar a la casa, cazó un pájaro, lo llevó entre sus fauces y lo dejó a los pies de su amo. Se subió al pecho del escritor y se durmió esperando a que despertara.

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