Percibe como su ropa
interior se humedece, al fin su erección cede, al igual que la niña que tiene
atada al borde las escaleras del sótano. Al fin dejó de invocar a su madre, de
llorar, de suplicar que no le haga nada. Ella muere. Él da un suspiro de alivio
cuando las voces en su cabeza se silencian. Siente asco, la sangre le molesta, por
primera vez no es libre, ligero, es un sentimiento extraño. Debe ser cansancio,
piensa. Es la primera vez que una niña le da tanta pelea, al final el resultado
fue el mismo. Se desviste y se mete bajo el agua caliente. Por un segundo cree
escuchar algo, trata de encontrar algún ruido extraño, pero no lo halla, sigue
acariciando su pene que de nuevo se pone duro. Percibe un leve picor en su
hombro, se sacude, el dolor va en aumento, como si su carne fuera cortada con
un cuchillo sin filo, ve que el agua se tiñe de sangre. Cuando entiende que es
lo que sucede, cae de rodillas y mira como la niña le arranca el corazón.
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