Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

viernes, 24 de noviembre de 2017

LA NIÑA

Percibe como su ropa interior se humedece, al fin su erección cede, al igual que la niña que tiene atada al borde las escaleras del sótano. Al fin dejó de invocar a su madre, de llorar, de suplicar que no le haga nada. Ella muere. Él da un suspiro de alivio cuando las voces en su cabeza se silencian. Siente asco, la sangre le molesta, por primera vez no es libre, ligero, es un sentimiento extraño. Debe ser cansancio, piensa. Es la primera vez que una niña le da tanta pelea, al final el resultado fue el mismo. Se desviste y se mete bajo el agua caliente. Por un segundo cree escuchar algo, trata de encontrar algún ruido extraño, pero no lo halla, sigue acariciando su pene que de nuevo se pone duro. Percibe un leve picor en su hombro, se sacude, el dolor va en aumento, como si su carne fuera cortada con un cuchillo sin filo, ve que el agua se tiñe de sangre. Cuando entiende que es lo que sucede, cae de rodillas y mira como la niña le arranca el corazón. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario