No
siento más dolor. No siento las dentelladas que da la criatura. Observo inmóvil
como ella devora parte de mi hígado. No sé en qué momento llegamos a este
absurdo instante. Trato de sonreír y una bocanada de sangre escapa de entre mis
labios, pienso que será divertido cuando regresé de la muerte, tendré que
arrastrarme para sobrevivir. La criatura ha arrancado de raíz el brazo derecho
y la rodilla izquierda ya no está unida a mí. Estoy débil, he perdido mucha
sangre, debería estar sin sentido, pero aún sigo viendo como soy devorado por
ella que ahora rompe el estómago, bilis, comida y jugos gástricos se esparcen
en lo que queda de mi cuerpo y el suelo. No se detiene ahí, en uno de sus
ataques logra que las tripas broten como un ramo de flores. Yo no sería una
criatura digna, me pudriré en mi propia sangre y mierda. Ella estaba dispuesta
a no dejar nada. Jamás debí esperar tanto tiempo entre el disparo y haberle
aplastado el cráneo con el martillo.
La
bala le atravesó el pecho y la estrelló contra la pared. Sabía lo que debía hacer, todos lo sabemos
desde hace diez años cuando apareció el primero de ellos. Pero me perdí en esos
ojos que amaba. Recordé el momento en que le hice el amor por primera vez,
nuestro viaje de luna de miel, nuestro único hijo que murió en la guerra contra
los monstruos que habían escapado de sus tumbas. La amaba, ella era mi todo,
pero no pude perdonarla, había dudado de mí, ella había bajado al sótano, para
descubrir los treinta pares de ojos de mis victimas en los últimos quince años.
Así que olvide aplastarle la cabeza. No me di cuenta cuando ella se lanzó sobre
mí y me arrancó parte de la cara de un solo mordisco.
No hay comentarios:
Publicar un comentario