Aquel recuerdo era lo
único que guardaría de ella. Le gustaba la suavidad de la tela. Lo acercó a su
nariz, aún guardaba el aroma de ella, la mujer que había compartido su cama
hace pocas horas. Su pene se endureció
un poco al recordarla cuando solo vestía aquel calzón negro. Apretó la prenda
con fuerza, mientras revivía cada una de las caricias que le había hecho. Abrió
uno de los cajones de su armario y lo depositó junto a los otros 27 que habían pertenecido a las mujeres que
probaron la dureza de su verga y el filo de su navaja.
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