La
perra está a punto de morir. Mis balas se encargarán que eso ocurra. El arma
pesa, solo tengo dos disparos antes de que me explote en las manos. Estos serán
suficientes para que deje de respirar. Esta retrasada a nuestra cita. La espero
a oscuras en la sala de su casa. El lugar donde asesinó a mi mejor amigo.
Quince puñaladas le bastaron para acabar con un matrimonio de doce años. Desde
que Andrés la conoció en la universidad no pudo amar a otra mujer. Él no se
parecía a mí, nunca pase de tercer semestre de derecho, me la pasaba tomando
por aburrimiento y me comía todo lo que pudiera quitarle los calzones. Fue el
único que se quedó conmigo, a pesar de que mi vida era una mierda. Me convertí
en un matón. No era el dinero, ni las mujeres, era el placer de poder romperle
la cara algún hijo de puta de vez en cuando. No sé si es venganza o solo rabia,
pero aquí estoy esperándola. Todos se burlaron de él cuándo fue a la policía a
decir que su mujer le pegaba. Nadie le puso cuidado, nadie se preocupó. Debió
llamarme pero jamás lo hizo. Tal vez por vergüenza o porque mi teléfono estaba siempre
apagado, es que ese fin de semana le estaba cuidando el culo al patrón,
mientras él se lo rompía a dos niñas de 16 años.
No
soy un buen tipo, pero esta zorra pagará por lo que le hizo. Ya llegó, puedo
percibir su perfume barato, oigo la llave abriendo la puerta. Trato de detener
la respiración, quiero que no se entere que estoy aquí, por lo menos hasta que
le meta el cañón del arma por la garganta. El sonido metálico de sus tacones indica
que ella ya está dentro. Enciende la luz y deja escapar un grito aterrador al
verme.
—Tu…
acá –dijo con la voz entrecortada— aunque me lo esperaba, siempre fuiste su
madre.
—Cállese,
no merece mencionar ni su nombre —exclamé.
—Siempre
has sido lento para entender las cosas. Te amo. Lo hice por ti.
—Solo
fue sexo, solo sexo, sucio y barato. —Recordé
esa noche en que llegué a su casa borracho y trabado, buscando a Andrés para
que me acompañara a donde la gorda Fanny, él no estaba, ella me hizo seguir, se
sentó en mis piernas, metí los dedos dentro de sus calzones, lo demás se lo
pueden imaginar, arruiné la vida de mi amigo en 30 minutos. —Él no tenía que
morir por lo que pasó.
—Ahora
eso no importa… además era un idiota, me tenía aburrida, ahora soy libre de
hacer lo que yo quiera. Bueno, si primero bajas eso. —Camina hacia mí, mueve su
cuerpo para que su vestido me muestre que no lleva ropa interior. Se siente segura
de lo que hace cuando ve que mi verga se pone dura.
—Andrés
era lo único bueno que yo tenía. Por ese pobre inútil, yo hubiera dado mi vida.
—Disparo las dos veces, la primera le rompe una de sus tetas de silicona, la
otra le destruye la mitad de la cara. Me levanto de la silla, escupo sobre su
sangre, me acomodo el pantalón para que no se note la erección y me marcho.
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