Es el final, solo queda
esperar a que todo acabe. La observa sin prestarle mucha atención, mientras bebe
un café caliente. El rostro ha perdido su color, los labios que había besado
unas horas atrás, están resecos y sangran. El ojo derecho supura una sustancia
blanca y mal oliente. Se ha caído dos veces de la mesa donde se desangra con
lentitud. Cada corte es preciso, haciendo que su agonía sea larga y aterradora.
Ella no grita, él se ha encargado de cortarle la lengua. Se masturba con desgano,
esperando que ella de su última exhalación. Se sienta frente a la máquina de
escribir, comienza oprimir las teclas haciendo que las palabras broten de sus
manos. Describe paso a paso lo que ha hecho, la forma cómo su víctima va
muriendo. A medida que las hojas se acumulan a un lado de la mesa, entiende que
es el mejor libro que ha escrito hasta ahora.
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