Todo está en silencio.
El chico aguarda sin moverse un centímetro. Su cuerpo esta alerta. Su mano
aprieta con fuerza el cuchillo. Puede escuchar las campanillas que rompen con
fuerza la soledad de la noche. Oye una sonrisa, al fin ha llegado. Quisiera
tener otra solución, pero él no dejará que nadie lo juzgue por sus acciones y
menos por las cometidas unas horas atrás. Espera unos minutos más. Una lágrima
baña su rostro, mientras piensa en los que una vez amó. Se lanza sobre el
hombre que esta junto al árbol de navidad. Este deja caer el vaso de leche
cuando el acero penetra la carne de su barriga. El chico levanta su mano una y
otra vez cortando, destajando. Se detiene cuando su sed de sangre parece calmarse
por instante. Exhala con fuerza, mientras observaba al hombre del traje rojo, jamás
podrá decir que él es un niño malo. Vacía la bolsa de los regalos, introduce
las cabezas de su familia en ella y se pierde en la noche. El hombre que cojea
levanta la copa y sonríe.
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