Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

viernes, 15 de diciembre de 2017

ELLA

El alcohol no hace ningún efecto en mí. Ya ni ese placer me es permitido. Llevo cuatro días sin dormir. Estoy al borde de la locura. Sé que ella ha regresado, lo sé por su forma de golpear. No quiero verla, no puedo perdonarla por haberme abandonado. Nuestro matrimonio había durado 24 años, no fue malo pero tampoco bueno. Y todo se fue por el abismo cuando nuestra hija se fue con su novio, sin pronunciar palabra, sin decir adiós. Esta gritando mi nombre, vuelve a golpear la puerta con insistencia, arrojo la botella contra la pared y escupo: —Vete perra, déjame en paz, soy feliz desde que te marchaste.  De nuevo vuelve a decir mi nombre. Todo entre nosotros se volvió rutina y costumbre, ninguno quería quedarse solo. Hasta el sexo desapareció entre nosotros, prefería masturbarme con sus calzones sucios que penetrar su inmunda cueva. Aun así vivimos ocho años más, hasta la noche que todo acabó. Tengo miedo, a pesar que la puerta nos separa, puedo sentir su rabia. Ya no golpea la puerta, la rasguña, el sonido es horrible que hace mis dientes castañeen.  Me acerco a la puerta, puedo oler su perfume putrefacto que expele su cuerpo. Sé porque ha regresado, sé muy bien porque está aquí. La última noche que la vi, le prepare la cena y la invite a la cama, hicimos el amor de forma brutal y salvaje, mientras le mordía un pezón, saque la navaja que guardaba debajo de la almohada y se la hundí en el estómago, cuando el acero salió, la sangre brotó, lo cual pareció excitarme más, entonces la penetré con fuerza, a su vez el cuchillo cortaba su cuerpo una y otra vez. Eyaculé sobre ella cuando sus tripas caían sobre la cama. La puerta empieza a ceder, puedo ver fragmentos de tierra, tierra del lugar donde la había arrojado en pedazos. Lo primero que veo es la piel rosada de una mano que se lanza hacia mi entrepierna.

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