La práctica lleva a la
perfección. Sus cortes eran profundos y exactos. Con 46 víctimas, era lógico que
fuese un maestro. El moribundo mañana seria noticia y él podría dormir por unos
días hasta que las voces en su cabeza regresaran. Eso era tan solo una excusa,
a él le gustaba lo que hacía. Todo había empezado cuando vengó la muerte de su
esposa. Había destajado y destripado a la persona que la había violado y asesinado.
Fueron más de cincuenta cuchilladas, una a una las contó, ninguna entró por el
mismo lugar. Para él fue un renacer, había encontrado una razón para
vivir. Después de el segundo homicidio
se dijo que estaba en una misión salvadora, para liberar al mundo de asesinos,
violadores y pederastas. Luego tendría que inventar lo de las voces
cuando sus presas empezaron a incluir mujeres, niños y cualquier criatura que
se dejara cortar con el cuchillo. Pronto se encontraría conmigo, yo vengaría la
muerte de mi familia y lo haría sufrir tanto que mi dolor se extinguiría.
Me hice escritor para no convertirme en un asesino.
viernes, 31 de marzo de 2017
viernes, 24 de marzo de 2017
EL HILO ROJO
La penetró con
agresividad y terminó por detrás antes de cortarla por primera vez. El creía
que se le había otorgado un don, un don para producir dolor, así era, cada
sujeto que caía en sus garras conocía el sufrimiento en todas sus dimensiones,
era capaz de hacer tanto daño antes de que su víctima muriera, que su depravación
hacía ruborizar al mismo diablo. Pero no todo terminaba allí, poseía la
capacidad de ver el hilo rojo de la persona que moría, así que cortarlo era la
culminación de su obra, era lo que más le daba placer, no era una sola alma la
que destruía, si no la de dos amantes que jamás que se conocerían. Hoy era
diferente, estaba furioso, tenía rabia, ira contra la mujer que trataba de
protegerse con los brazos de los cortes de su cuchillo, le había roto la nariz
con la segunda bofetada, la había violado con una sed animal, la había cortado
tan finamente que había logrado retirar el sesenta por ciento de la piel antes
de que esta se desmayara por primera vez. Se masturbó mientras ella daba la última bocanada de vida. Los ojos le brillaron al ver el hilo rojo, tiró con fuerza
de él y pudo sentir un fuerte tirón en su corazón, volvió hacerlo y de nuevo sucedió lo mismo, pero estaba tan enojado, que no se dio tiempo a pensar un
segundo y lo cortó. Un vacío empezó a formarse en su corazón. Dobló las rodillas
y cayó. Lloró y el cuchillo escapó de sus manos. Dejó escarpar un lamento que
se convertía en un grito agónico. Le dolía pecho, pudo ver su propio hilo
cercenado y de ese modo conoció el amor.
viernes, 17 de marzo de 2017
EL ENCUENTRO
Era grande y viejo. Su
barba era larga y blanca. En su mirada se podía ver la huella del tiempo. Ella
tuvo miedo, aun así se acercó. Lo conocía por las historias que le había contado
su madre sobre él. Un soñador, un ilusionista, un narrador de historias. Ella se debatía en como como hablarle, con
amor o con rabia, jamás lo había visto y, sí era así lo había olvidado. El gigante giró con lentitud la cara hacia
ella, y en su rostro endurecido por el dolor trató de dibujar un gesto de amor,
para la niña que lo miraba con admiración. Ella lo abrazó y pudo sentir la
calidez que siempre extraño por alguna razón. Así estuvo hasta que el calor se extinguió
como el aliento del hombre que se iba a soñar a otros mundos.
viernes, 10 de marzo de 2017
DETECTIVE
Ella lo besó con
lujuria, era la recompensa por recuperar el dinero de la pobre viuda. Él a
través de la ropa interior dibujo la forma de sus nalgas, esta noche le haría
el amor y mañana olvidaría su nombre. Miró con desprecio el despojo que era el
hombre que le había ayudado a encontrar la última pista del caso. Le había
partido la nariz en dos, destrozado dos costillas y cerrado un ojo de un puñetazo, el
tipo era un tozudo para hablar, hubo que apretarlo un poco. El detective suspiro
con desgano, mientras esperaba a su abogado, se lamentó porque la vida real no
se parecía un poco a las novelas de detectives. Jamás debió romperle cada uno
de los huesos de la mano al villano para averiguar el paradero de la adolescente
que se había fugado con su novio, ahora este lo había demando por lesiones
personales. Además más tarde tendría que explicarle a su pareja que su caricia
era inocente cuando le tocó el culo a la secretaria y no acoso sexual como ella afirmaba.
EL VIEJO PEDRO
Como todos los días don
Pedro llegó a la biblioteca, después de tomarse un tinto escupido y fumarse un
pielroja, a las 8 y 36 de la mañana entró. Saludo a Margarita una de las señoras del aseo, a ella
le gustaba oírlo hablar, aunque algunas veces no entendía lo que el hombre decía.
Pidió el periódico del día, renegó contra los políticos de turno y se dio el
lujo de putear al país en voz alta. Se dirigió a la sala general, pidió un Gabo,
Un libro de poesía japonesa, un Chandler y un Poe, se sentó en el mismo lugar,
en la misma silla como lo hacía desde hace quince años. Allí pasaría cuatro
horas sumido en la lectura, hablando solo, tratando de encontrar el final de su
novela inconclusa. Pero hoy era diferente, el viejo sacó una hoja de papel doblada
siete veces, la desplegó sobre la mesa y la releyó de nuevo, era una carta de aceptación, en
resumen David Acosta un editor, le decía que le había cautivado su forma de
escribir, que su obra tenía qué ser publicada, que deberían verse pronto para
hablar de un posible contrato con la editorial. Pedro lloró, se dijo
que era tarde para hacer realidad su sueño, además no tenía a nadie con quien
compartirlo. Sacó un revólver de su raída chaqueta de paño. El disparo me
despertó del sueño en qué me había sumido Virginia Wolf.
viernes, 3 de marzo de 2017
Sin Titulo
El asesino arrojó el
cuchillo con fuerza. Enterró el cuerpo
del anciano que había sido su última víctima. Trató de limpiar la sangre y
bilis de sus botas, al final decidió quitárselas. Lo mismo hizo con la ropa. Se lavó las manos más de 60 veces tratando de borrar el olor a sangre y carne
podrida. Se vistió con unas prendas viejas y
holgadas. Entró descalzo al lugar. Quiso devolverse, marcharse, seguir con vida,
continuar cortando con el cuchillo. Pero no podía, lo había prometido, este era
el primer paso. Al final todo era por amor.
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