Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

viernes, 31 de enero de 2020

¡SEÑOR PRESIDENTE!


Arregló el nudo de la corbata, se peinó y murmuró dos frases que yo no escuche.
Hay que llamar a los ministros.
Si, señor, —contesté para salir del paso.
Como todos los días lo acompañaba a dar su paseo matinal, algunas personas se le acercaban, lo saludaban y le decían señor presidente esto o aquello. Dos horas después estábamos de regreso, él se sentó en su silla y exclamó:
Debo comunicarme con el embajador
No respondí, estaba cansado. El se puso a contemplar la ventana, salí y cerré con llave su habitación. Mi turno había terminado, saludé a mi compañero que se encargaría del sanatorio en la noche. Me marché a mi casa.

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