Su
maldición empezó cuando tuvo que cortarle la cabeza a la mujer que
amaba y que lo había convertido en un vampiro. Una promesa y una
vieja espada japonesa. A pesar de que su corazón no se movía le
dolía. Bebió una botella de sangre negra, después la arrojó contra
la pared. Limpió la sangre de la katana, cerró su chaqueta y empezó
su marcha. Así nacía un héroe.
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