Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

viernes, 24 de enero de 2020

VERÓNICA



El detective lloró de rabia e impotencia al ver tal horror. Habían masacrado a una mujer y a sus tres hijos.

Verónica tomó a su familia esa noche para huir del lugar en cuál había estado por 12 años, tenía que escapar de aquella locura, descubrió que sea había equivocado, que todo era mentira. Había aceptado que el pastor y sus acólitos la violaran con sus penes deformes y purulentos, soportado vejaciones y humillaciones, todo lo inimaginable en nombre de la fe. Era tal su frustración por vida que lo único que le quedo fue entrar a aquella secta creyendo que así encontraría su camino al paraíso. El shock de ver que el pastor empezaba a interesarse por su hija de ocho años le hizo entender su error. Estaba solo a unos metros de lograr su objetivo cuando la primera puñalada que recibió le cortó la respiración, cayó sobre su bebé matándolo al instante. —Maldita zorra, te dije que nunca podrias marcharte, eres parte del amor de Cristo —le gritó el pastor que se ensañaba con ella. Murió en la cuchillada 32, de ese modo no tuvo que ver cómo violaban y destripaban a sus hijas.


Después de ocho años el grupo cristiano Los apóstoles de la sangre y de la fe había sido desmantelado y sus líderes estaban en prisión. A la medianoche por los pasillos de la cárcel se escucharon los pasos del detective. Hizo chocar las hojas de los cuchillos que llevaba, les haría arrepentirse por lo que le habían hecho a Verónica.

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