Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

viernes, 17 de enero de 2020

APUESTA

Debió marcharse cuando tuvo oportunidad, pero no lo hizo, aquella mujer enfunda en un diminuto vestido de satén lo tenía embrujado. Había perdido todo,  ella le había dicho que aún tenía algo que podía apostar. Él volvió a respirar y aceptó. Era el momento de recuperarse, de ganar, su deseo se mezclaba con el anhelo de meterse entre las piernas de su acompañante, que lo besaba y metía su lengua bífida dentro de él, mientras le acariciaba la pierna le susurraba palabras arcanas cargadas de lujuria y promesas que si ganaba ella sería suya. Tomó las cartas, sonrío era una buena mano, así que hizo su apuesta: —Para empezar apuesto 30 días de mi vida. 6 horas después la muerte esperaba por él.

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