Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

viernes, 5 de julio de 2019

EL ECLIPSE

Entró a hurtadillas, llevaba más de ocho días vigilando aquella casa, la conocía bien. Se acercó al perro que dormía, haciendo un sonido irritante, tenía el hocico lastimado, su amo había descargado su frustración en él. Acarició la cabeza del animal, lloró con una mezcla de dolor y rabia que le apretaba el pecho. Estaba enojado con él mismo, había observado todo, había esperado demasiado para actuar. Siguió a la sala donde el tipo dormía sobre el sofá. Tomó una de las botellas que estaban en la mesita y sin dudarlo la rompió en la cabeza del hombre, que despertó asustado, antes de que sus ideas se aclarasen, de comprender que sucedía, sintió como su mandíbula se rompía en en dos, uno de sus dientes bajó por la tráquea. Quiso gritar pero el puño que destrozo su nariz se lo impidió. Uno de los golpes que recibió le reventó el ojo izquierdo. Al fin estaba calmado, había logrado expulsar su ira, había recuperado la sangre fría. Asestaba cada golpe en el lugar indicado, causando gran dolor, sin dejar que el sujeto se desmayara. Después de una hora le hundió la manzana de Adán, así que este se atragantó con su sangre y murió asfixiado. Lo arrastró, lo llevó al patio y lo enterró junto a los cuerpos de los perros que había asesinado. Él guardabosques con delicadeza tomó el can entre sus brazos y bajo la luz de la luna roja se marchó.  

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