Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

viernes, 12 de julio de 2019

VANIDAD


1:23 de la tarde, se escucha el retumbar del tacón contra la acera, de la escultural mujer que cruza la calle. Con la mano derecha se retoca el lápiz labial y con la otra contesta el celular. El viejo se fija en las nalgas que dibuja el pantalón que lleva puesto. Doña María recuerda con tristeza. que ella tenía el cuerpo igual, antes de casarse. El pequeño Juan se pierde en el escote que apenas sujeta sus voluminosos pechos, siente la primera erección del día. La feminista la mira con rabia y envidia. El abogado se aprieta el pecho en señal de dolor y se repite que él nunca podrá tener una belleza como esa. El indigente se acerca y le alaba las piernas. El chófer cierra los ojos cuando grita el gol de la selección. El golpe del metal contra la carne silencia el momento. La monja grita, el padre le acaricia el culo, así que no se da cuenta de lo que sucede. Dos adolescentes miran con morbo la escena. La profesora hace el esfuerzo de no desmayarse. La señora de los tintos limpia sus termos que se han manchado de sangre y bilis. La mujer muere tratando de meter la silicona en sus tetas nuevas.

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