Había perdido la
memoria de cómo llegó a la ciudad. No recordaba su nombre o quién fue. Quería
regresar, quería saber quién era. Recorría las calles de la ciudad
maldita. Con un costal al hombro y una botella de pegante en la boca,
destruyendo las ideas, carcomiendo el alma. Cada vez que lo veía con su barba
blanca y el cabello largo, pensaba que debía ser Dios padre, que había olvidado la
forma de regresar a Edén.
No hay comentarios:
Publicar un comentario