Se levanta de su lugar. La sangre brota de sus ojos. Es el momento de despedirse. Toma la copa y bebe dos tragos, el sabor le cosquillea en la lengua, no es su bebida habitual, hoy debe ser así. En el fondo quiere que sea la sangre de su amada. Ella duerme en el lecho que compartieron por última vez. Ha tomado una decisión, no la condenará a la eternidad. Abre la ventana y sonríe, mientras el sol abraza su piel blanca.
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