Son las dos de la mañana, hace mucho frío. Enciendo un cigarrillo. La calle está sola, no hay un alma en las aceras, la lluvia empieza a caer como cuchillas, suena como petardos sobre el techo del taxi. Lo único que me acompaña es la voz de un locutor que habla sobre los suicidas, que estos están condenados a quedarse en este plano. Llevo la mano al bolsillo y acaricio el panty que mi mujer me ha dado para que la piense, en mi larga jornada.
Por un segundo doy una cabeceada y el automóvil se mueve a la derecha, agradezco que la calle esté sola, cuando retomo el control del timón, una pareja aparece de la nada y me hace el pare. Salgo de las brumas del sueño, me detengo junto a ellos. Él es alto, moreno, su barba esta desordenada y poblada, nada parecida a la mía, que era la burla de mis amigos. La calvicie se ha llevado la mitad de su cabello, aun así es una persona atractiva, solo lleva una camisa blanca, me pregunto como es posible que no este temblando por el frío que esta haciendo. Ella tiene la misma estatura que él, su cabello negro cae sobre la espalda, sus largas piernas están enfundadas en unos leggins negros que dejan ver la forma de la ropa interior, diminuta y que se pierde en las curvas de su redondo culo. Tiene una blusa transparente que me permite ver que no lleva sostén. Cuando abro la puerta para que entren, la mujer besa al hombre con sus labio rojos como convenciéndolo para que se suba, el tipo como un autómata obedece, tiene la mirada perdida en la lejanía. Él parece estar borracho. Me piden que los lleve al otro lado de la ciudad, dejo escapar una sonrisa, este viaje me arreglará el turno de hoy. Arranco, ella se arroja sobre él, empieza a besarlo y aacariciarlo. El hombre de forma mecánica hace lo mismo, le toca los senos, pasa las manos por las nalgas, las piernas, su lengua juega con la de ella que parece devorarlo. Ruego porque mi mujer esté despierta a mi llegada para desahogar la excitación que comienza a despertar entre mi pantalón. La mujer le abre la camisa y pasa los labios por todo su pecho, con la mano busca el miembro duro del hombre. Baja al lugar que quiere besar, su enorme culo queda junto a mí. Puedo ver que el pantalón está roto en el medio de las piernas y veo los dos orificios que se me antojan lamer. Cuando el pene del tipo esta duro se monta sobre él y comienza la danza de arriba hacia abajo, esto le gusta a su compañero, que le acaricia y le muerde los pezones . Ella me mira por el espejo retrovisor, su mirada es pervertida, luego se lanza sobre el cuello del hombre. Este por un momento vuelve en sí y sus ojos se aclaran, asustado grita:
—Ayúdeme…
Al escuchar esto me fijo en el hilillo de sangre que mancha su camisa, la mujer ha desaparecido para dar espacio a un monstruo sin pelo, con unos ojos negros y enormes colmillos. No puedo decir nada, trato de frenar para salir corriendo… cuando al fin lo logro, su mano huesuda de largos dedos, toma mi cabeza y me lleva hacia ella…
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