Moisés
Agustín Piedrahita, dio las gracias cuando recibió el premio al mejor
periodista del año. Uno de sus contradictores había expresado que el periodismo
debía estar en decadencia si le otorgaban el máximo logro a un escritor de la
crónica roja. Piedrahita era el mejor en lo que hacía, el mismo tomaba las
fotos para sus reportajes, cargados de sensacionalismo, exhibicionismo,
vísceras y sangre, de una prosa exquisita, que cualquier escritor envidiaría.
Nadie sabía cómo, pero siempre era el primero en llegar a lugar de la noticia,
incluso antes que la policía. Una mujer se le acercó cuando todos bridaban a su
nombre, puso sus pantis y la llave de su habitación en el bolsillo de Moisés,
este rechazo la invitación. Al llegar a la casa se cambió el traje por sus
ropas de trabajo, sacó de uno de sus cajones los guantes de cuero y su cuchillo
de acero, había llegado el momento de escribir la historia del día siguiente.
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