Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

viernes, 26 de abril de 2019

EL PERDON








Despierto y miro el reloj. Es tarde, es mi última oportunidad. Me visto rápido, muerdo un pan duro, bebo un café crudo y salgo de prisa. Debo llegar antes de que se marche sin escuchar lo que tengo que decirle. No importa quien tuvo la culpa, no es relevante. Era mi todo y quiero creer que yo lo era para ella. Un día se levantó, recogió sus calzones y se marchó, dejándome la rabia y el dolor como compañía. Grité, lloré, la maldije. Después de tres años de su partida, sumido en la desesperación, he llegado a la conclusión que aún la amo. Llego con tres minutos de retraso. El sudor corre por mi frente, recupero el aliento, veo que aún está ahí. Cuando voy hacia ella veo que sonríe, alguien se acerca y comprendo que su sonrisa ya no es mía. Tomo el arma del bolsillo de mi chaqueta, disparo todas las balas al igual que mi enojo contra ella. Cae, me alejo despacio, respirando con lentitud, por primera vez desde que se fue mi corazón siente paz.

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