Miró con
indiferencia a la mujer que se metía su toda poderosa verga en la boca. Estaba
irritado, enojado, aburrido. Sus criaturas solo eran sexo, violencia y muerte;
no despertaban ninguna pasión en él. Hizo a un lado a su amante y se levantó.
Tomó un poco de barro creador, empezó a darle forma. Aplastó la figura al ver
que se parecía a las otras, luego se arrepintió, volvió a esculpir. No le dio
el soplo de vida, pero si un hambre insaciable. De ese modo Dios creó al zombie
y lo puso en la Tierra.
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