Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

viernes, 12 de abril de 2019

QUIJOTE


En un lugar de la ciudad que no quiero nombrar, vivía un viejo abogado, rodeado de una incontable cantidad de libros. Al igual que don Alonso su cerebro se secó por ellos. Las palabras de Marx, Lennin, Engels y Mao alimentaban su fantasía. Como un Quijote quería enmendar entuertos y deshacer agravios. Así que todos los días a la cinco de la tarde, frente a la iglesia del barrio, se paraba a proclamar sus diatribas contra el sistema y leer el evangelio de Trosky.
El policía que fue interrogado por dispararle, contestó:
—Él era un viejo divertido, pero sus ideas eran peligrosas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario