Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

viernes, 29 de marzo de 2019

LA CENA


Se restregó las manos tratando de calentarse. Miró al cielo, sería otra noche huyendo de la lluvia. El gruñido en el estómago le hizo olvidar sus preocupaciones por un instante. Caminó dos cuadras más, el hambre empezaba a ser desesperante. Vio un paquete en el andén. Sin mucha ilusión lo revisó, sus ojos brillaron, la boca se le llenó de saliva, al ver que era un plato de comida sin tocar. Agradeció a Dios y a la persona que había puesto ese alimento para él. Se sentó y empezó a comer.

Sería la última vez que lo besaría. Sentada observaba el reloj, él tardaba en llegar. Tal vez su reacción fue exagerada, solo había sido una vez, solo un desliz, un error de una noche, además era el hombre que amaba. Lo pensó por cinco minutos, lo perdonaría, no quería perderlo. Así que recogió la cena envenenada que había preparado para su esposo, la puso en una bolsa y la dejó en el andén.

viernes, 22 de marzo de 2019

LUKE


Esperó a que el escritor se durmiera para escabullirse entre las cobijas, con cuidado para no despertarlo. Saltó a la ventana que estaba abierta, salió y brincó al techo de la vecina. Maulló al sentir la brisa de la noche, le gustaba caminar por los tejados del barrio. Entró a una casa a hurtadillas, siguiendo su olfato, un pedazo de pollo abandonado en la mesa terminó en su panza. Mientras descansaba sobre un muro, vio un ratón, con el cual jugó hasta que se aburrió de él, después le arrancó la cabeza. A la una de la mañana percibió un aroma embriagador que lo enloqueció, el llamado de la naturaleza, el perfume de la gata de doña Isabel, la felina más guapa de la zona. Cuando el héroe llegó, vio que un gato fino, de esplendoroso pelaje, le hacía la corte a su amada. Él era el rey de la noche y de la calle, así que lo retó a duelo. Al rumor de pelea, una multitud de perros y gatos se agolparon alrededor de los guerreros. Él era diestro con las garras, en cinco minutos sometió a su adversario, este le pidió perdón, en un gesto de magnanimidad lo dejó marchar. Todos aclamaron al vencedor. Se acercó a la gata a reclamar su premio, ella se lo entregó complacida. De ese modo pasaron el resto de la noche. Al amanecer se despidió de su amante. Antes de llegar a la casa, cazó un pájaro, lo llevó entre sus fauces y lo dejó a los pies de su amo. Se subió al pecho del escritor y se durmió esperando a que despertara.

viernes, 15 de marzo de 2019

SILENCIO


Cuando tuvo que pedir disculpas por haberle dicho a su vecino: Negro güevon, decidió no volver a hablar. No quiso aprender el lenguaje de señas, para que nadie se comunicara con él. Dejó de escribir, así no tenía que dar explicaciones por su forma de pensar. Pasaba sus días sentado en el parque mirando a los demás. El anciano que quería meter la mano dentro de los pantalones de la joven. El tipo que golpeaba a su mujer a la vista de todos. La mujer que insultaba a su esposo mientras mandaba una foto de ella en ropa interior. El pobre chico que caminaba con las manos en los bolsillos pensando en la muerte, la chica que le gustaba estaba embarazada de su mejor amigo. El homosexual que miraba a todos por encima de sus hombros. La abogada que gritaba improperios contra los hombres y exigía ser trata como una damisela. El cura que hablaba de amor, mientras pensaba como decirle a la ama de llaves de la iglesia que se había cansado de su cuerpo viejo. El comunista que recibía el soborno para que los otros amañaran las elecciones. Después de diez años, creyó que había llegado el momento de exigir su derecho a gritar. Cuando abrió la boca, movió la lengua, su cabeza explotó.

DECISIÓN


Se recogió el cabello, se amarró los tenis, bebió jugo de sábila, se colgó la maleta, se puso el casco, se despidió de sus dos gatos, montó la bicicleta y salió. Le gustaba pedalear por la ciudad en la mañana.
Se rascó la entrepierna, encendió un Malboro, revisó el maletín para ver si no había olvidado del informe. Puso a Metallica en la radio, envió un mensaje a su amiga, para que se vieran, "No pasa de esta noche" se dijo. Esperó otros dos minutos a que se calentará el motor del carro, salió. —Que Mierda, esta ciudad es un puto trancón —exclamó.
Cansancio, una mala decisión, ella tomó el camino más rápido para ahorrarse 100 metros. La calle al fin está libre, él acelera. Intentó frenar cuando ella apareció en frente. El golpe la lanzó sobre el automóvil. Se rostro besó el asfalto, tres costillas rotas, un hombro dislocado, su pierna derecha enredada con la cadena.
Malditos locos en contravía —dijo el saliendo del carro.

viernes, 8 de marzo de 2019

OBSESIÓN


Desde que la vio por primera vez no pudo dejar de pensar en ella. Se le convirtió en una obligación. Era tan bella que parecía un castigo de Dios. Esa noche se masturbó recreando en el contoneo de aquellas caderas que parecían embrujar a todo el que se fijara en ellas. Se masturbaba en la mañana, en la tarde, en la noche pensando en esas tetas redondas que quería chupar, en ese cuerpo que quería recorrer con la lengua, en ese culo que deseaba comerse a besos. Conocía cada curva, cada detalle, cada suspiro, pero no era capaz de invitarla a salir. En una reunión que tuvieron en su apartamento, no habló más de cinco palabras con ella. El único trofeo que había conseguido era unos pantys en la canasta de la ropa sucia. Por esas cosas absurdas que pasan algunas veces en la vida, una noche en la cual ella bebía para olvidar a su amante de turno, se habían encontrado, le pidió que la acompañara. Luego de un par de botellas, empezaron los besos, las caricias, él eyaculó el pantalón cuando pudo meter la mano dentro de sus calzones. Al final de la medianoche terminaron en un hotel de mala muerte, donde las cucarachas y las manchas en las sabanas parecían parte del inventario. A ninguno le importo, sus lenguas se enredaron como un par de anacondas en celo, la temperatura de sus cuerpos aumentó a niveles exagerados, sus manos recorrían cada rincón de sus húmedos cuerpos. Él tocaba, besaba cada parte, se sentía en el nirvana. Ella intentó meterte su verga varias veces en la boca, su hombría estaba muerta. De la decepción pasó a la burla. Se vistió, apenando y avergonzado, bajos las carcajadas e improperios que le perforaban el pecho huyó con los ojos inundados por el llanto.
Ahora que caía del edifico donde vivía recordó que no había tenido la oportunidad para decirle que la amaba.


viernes, 1 de marzo de 2019

EL POLICÍA


La primera piedra que se estrelló contra él le reventó un ojo. El policía no entendía que sucedía, por qué la turba enardecida iba contra él. El color de su uniforme había bastado para que se convirtiera en objetivo de aquellas personas que clamaban justicia. Quiso decir algo, pero alguien le hizo saltar cuatro dientes cuando lo golpeó con un palo. El siguiente impacto le destrozó el tabique. Sintió como un cuchillo entraba por su espalda y perforaba el hígado, el estómago se llenó de sangre. Quiso gritar y lo hizo. Las personas vieron esto como un desafío, siguieron descargando su frustración sobre él. Lloró mientras el filo de un puñal le hacía trizas el pulmón izquierdo. Las neuronas no trasmitían sensación alguna, así que no sintió nada mientras era arrastrado por las calles, soportó aquella tortura por cuatro horas, hasta que una de sus lágrimas tocó el asfalto. Su cerebro quedó contra la acera por un disparo de su propia arma. Una niña esperaba la llegada de su padre, para saber qué pasó con la Cenicienta. La madre aguardaba a su marido para decirle que de nuevo sería padre.