Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

viernes, 7 de diciembre de 2018

REVOLUCIÓN


Su padre le había gritado que no le pagaría más la universidad si seguía con ese embeleco del paro, él sonrió ya había perdido el semestre; se repetía que lo que estaba haciendo era algo importante. Su madre entre lágrimas le rogaba que no saliera a la calle, que pensara en su novia estaba que en el hospital por culpa de los gases o en el hijo del vecino que estaba desaparecido. Le contestó que era algo que tenía que hacer, que había llegado el momento de cambiar este puto país. Se sentía como Fidel Castro, El che, el mesías, un  tipo tan grande como Superman. De nuevo habían colapsado la ciudad. Encabezaba la marcha de ese día, observó a la fuerza militar que los esperaba. Cuando alzó la mano para gritar: ¡Comida para el pueblo! ¡Educación para los jóvenes!, sonó el primer disparo, el proyectil le entró por el cuello y salió por su ojo izquierdo, murió al instante, no pudo ver como la lucha terminaba disuelta entre gases, disparos y golpes.

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