Santa dibujó
una sonrisa y se acomodó
en la silla que habían puesto en el centro comercial. Escuchó
con sumo cuidado
a cada uno de los niños que se le sentó en las piernas. Al mediodía
almorzó pizza con una cerveza. El espíritu navideño empezaba a
invadirlo todo, tanto que una de las elfas le mostró
su pequeña tanga roja para alegrarle el día al viejo. Al llegar la
noche se despidió de todos y se marchó
a su apartamento. Mientras calentaba la comida que llevaba ocho días
en la nevera, destapó
una botella de aguardiente. Después de muchos tragos pronunció
el nombre de su esposa y le reprochó
el estúpido error de morirse primero. Faltaban cinco minutos para
Nochebuena. Sacó
la pistola de su traje y se disparó.
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