Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

viernes, 21 de diciembre de 2018

SANTA


Santa dibujó una sonrisa y se acomodó en la silla que habían puesto en el centro comercial. Escuchó con sumo cuidado a cada uno de los niños que se le sentó en las piernas. Al mediodía almorzó pizza con una cerveza. El espíritu navideño empezaba a invadirlo todo, tanto que una de las elfas le mostró su pequeña tanga roja para alegrarle el día al viejo. Al llegar la noche se despidió de todos y se marchó a su apartamento. Mientras calentaba la comida que llevaba ocho días en la nevera, destapó una botella de aguardiente. Después de muchos tragos pronunció el nombre de su esposa y le reprochó el estúpido error de morirse primero. Faltaban cinco minutos para Nochebuena. Sacó la pistola de su traje y se disparó.

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