Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

viernes, 28 de diciembre de 2018

EN LA NOCHE


Fumo el último cigarrillo que me queda. Son las 11:52 p:m, no puedo comprar más, debo esperar hasta mañana. Así que arreglo la chaqueta para protegerme del frío, que en este momento es mortal. Estiro las piernas y ella se sienta a mi lado. Doy dos cabeceadas, ruego que ella se vaya para poder acostarme en la silla del parque. Por la forma descuidada de su ropa y como huele, debe pertenecer a la calle al igual que yo.
─Me puedo acostar a su lado, entre los dos nos podemos calentar ─dice, mientras miro que le hacen falta tres dientes, el cabello desordenado que cae sobre su rostro no oculta que es fea.
─Porque no ─contesto ─a veces es bueno no estar solo y más en estas fechas.
Sonríe, le ofrezco un pedazo de pan con gaseosa que guardaba para el desayuno. Saco el pedazo de cobija que poseo, que si tuviera un par más de pulgas caminaría solo. Nos acostamos sobre el cartón que tenía preparado. Me da la espalda y se pega a mí, dudo un momento y la abrazo. Menea el culo haciendo que mi verga se ponga dura. Meto las manos dentro de su blusa y cojo un teta pequeña. Se voltea y me besa, le correspondo, pero no utilizo la lengua, la boca le sabe carne podrida. Ya no pienso, suelto el pantalón y lo bajo. El sexo es rápido y agresivo como si el mundo se fuera acabar o algún policía pudiera llegar, lo que pase primero. Volvimos a hacerlo, nos dormimos abrazados y yo aún dentro de ella.
La mañana me encuentra todavía entre sus piernas, no se mueve, esta fría, la beso pero no responde. Me levanto, me sacudo la verga, me subo el pantalón, le cubro con la cobija y me marcho, esperando que la sangre vuelva a circular por mi cuerpo.


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