Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

viernes, 30 de noviembre de 2018

CITA A CIEGAS


Lo supo por su mirada, ella quería marcharse. Al parecer él no era lo que estaba esperando. En cambio ella era Dios encarnado en una mujer, con el cabello negro cayendo sobre sus blancos hombros, con curvas bien delineadas. Sus labios eran resaltados por el color rojo del lápiz labial. Sus ojos claros no dejaban de observarlo, al principio pensó que le había gustado, pero a medida que pasaba el tiempo se dio cuenta que era rechazo. No sabía a qué se debía, si era porque le había escupido en la cara por su leve tartamudeo, de las manchas de sudor que empezaban a crecer debajo de sus brazos, que le había cogido las tetas cuando perdió el equilibrio debido a su pierna más corta que la otra. Así que de nuevo todo se repetía, la esperanza otra vez se había desvanecido, siempre la misma historia. Comieron en silencio, ella no dejaba de mirar el teléfono. Trató de despedirse, pero él insistió en a acompañarla al carro. Caminaba detrás de ella, hasta que llegó el momento y la golpeó en la cabeza. Ella iría al jardín del patio trasero de su casa, hacerle compañía a las 29 citas fallidas que él había tenido.

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