Podía oír el sonido de
las sirenas. La policía estaba cerca. Sabía que lo encontrarían. Revisó el
arma, aún le quedaban tres balas. No entendía que había sucedido, todo fue tan
rápido, todavía trataba de comprender en qué instante todo se había ido a la
mierda. Ella lo había traicionado, decidió que la castigaría, no dejaría que
se marchara. Compró un revólver. Disparó dos veces. Dos veces falló. Ella había
mentido. Él ahora era un monstruo. El amor se había acabado. Volvió a disparar.
La sangre y los sesos mancharon la mesa de la cafetería donde ella lo
encontraría.
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