Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

viernes, 24 de noviembre de 2017

LA NIÑA

Percibe como su ropa interior se humedece, al fin su erección cede, al igual que la niña que tiene atada al borde las escaleras del sótano. Al fin dejó de invocar a su madre, de llorar, de suplicar que no le haga nada. Ella muere. Él da un suspiro de alivio cuando las voces en su cabeza se silencian. Siente asco, la sangre le molesta, por primera vez no es libre, ligero, es un sentimiento extraño. Debe ser cansancio, piensa. Es la primera vez que una niña le da tanta pelea, al final el resultado fue el mismo. Se desviste y se mete bajo el agua caliente. Por un segundo cree escuchar algo, trata de encontrar algún ruido extraño, pero no lo halla, sigue acariciando su pene que de nuevo se pone duro. Percibe un leve picor en su hombro, se sacude, el dolor va en aumento, como si su carne fuera cortada con un cuchillo sin filo, ve que el agua se tiñe de sangre. Cuando entiende que es lo que sucede, cae de rodillas y mira como la niña le arranca el corazón. 

viernes, 17 de noviembre de 2017

FINAL

No siento más dolor. No siento las dentelladas que da la criatura. Observo inmóvil como ella devora parte de mi hígado. No sé en qué momento llegamos a este absurdo instante. Trato de sonreír y una bocanada de sangre escapa de entre mis labios, pienso que será divertido cuando regresé de la muerte, tendré que arrastrarme para sobrevivir. La criatura ha arrancado de raíz el brazo derecho y la rodilla izquierda ya no está unida a mí. Estoy débil, he perdido mucha sangre, debería estar sin sentido, pero aún sigo viendo como soy devorado por ella que ahora rompe el estómago, bilis, comida y jugos gástricos se esparcen en lo que queda de mi cuerpo y el suelo. No se detiene ahí, en uno de sus ataques logra que las tripas broten como un ramo de flores. Yo no sería una criatura digna, me pudriré en mi propia sangre y mierda. Ella estaba dispuesta a no dejar nada. Jamás debí esperar tanto tiempo entre el disparo y haberle aplastado el cráneo con el martillo.

La bala le atravesó el pecho y la estrelló contra la pared.  Sabía lo que debía hacer, todos lo sabemos desde hace diez años cuando apareció el primero de ellos. Pero me perdí en esos ojos que amaba. Recordé el momento en que le hice el amor por primera vez, nuestro viaje de luna de miel, nuestro único hijo que murió en la guerra contra los monstruos que habían escapado de sus tumbas. La amaba, ella era mi todo, pero no pude perdonarla, había dudado de mí, ella había bajado al sótano, para descubrir los treinta pares de ojos de mis victimas en los últimos quince años. Así que olvide aplastarle la cabeza. No me di cuenta cuando ella se lanzó sobre mí y me arrancó parte de la cara de un solo mordisco.

domingo, 12 de noviembre de 2017

REGRESO A CASA

No puedo sacármela de la cabeza. El viaje no sirvió de nada. Fui a ciudad de México para decirle adiós, pero no funciono. Caminé entre la multitud, a la medianoche el primero de noviembre, me dijeron que los mexicanos celebran la vida y no la muerte el día de los muertos. Esperaba que de ese modo terminara la obsesión que tengo por ella desde el instante que se marchó. En el avión me la paso semidormido, casi embotado pensando en cada ínstate que viví con ella. El día que nos besamos por primera vez en el cine bajo la complicidad de James Cameron. La forma en que nos entregábamos a la lujuria y la pasión. Como nuestro pequeño juego de besos y caricias se convirtió en una relación que desembocó en un matrimonio que duro doce años, sobrevivió a dos abortos y un amor de verano de parte mía. Ella se convirtió en mi vida, era todo lo que un hombre podía esperar de una mujer. Fue mi regalo de parte de los dioses. Trato de mantenerme despierto mientras bajo del avión, pero el vacío que está creciendo en mi pecho es insoportable. Abordo un taxi, ruego porque el conductor tome el camino más largo para llegar a mi lugar de destino, saber que ella no estará cuando llegue, hace que me tiemblen las piernas. Intento entender en que momento todo se fue a la mierda, parecía que todo era perfecto entre nosotros. Recuerdo peleas, silencios, ausencias, sospechas. Hasta que una noche después de hacer el amor por última vez, ella exclamó: —Ya no te amo, quiero que te marches. Yo no lo hice, me senté en el sofá a beber una botella de brandy que teníamos guardada en la alacena. Desde ese punto todo se vuelve borroso, gritos, lágrimas, la botella vacía, su cabeza rota, sangre, silencio. Desperté cinco horas después sobre su cadáver. Nunca fui un gran escritor pero si un gran mentiroso. Así que despedacé su cuerpo y me deshice de él parte por parte, esa fue la parte fácil, convencer a los demás que ella me había abandonado fue un poco más complicado, a pesar de que algunos de nuestros allegados aún sospechan que tuve que ver con su desaparición, me libré de la policía, solo guardo dos de sus dedos envueltos en uno de sus calzones de satín detrás de las copias de mis dos libros que ni ella leyó.

Me detengo frente a la puerta, respiro como queriendo calmarme, tomo fuerza para abrirla y entro a mi casa. Ella está sentada en el sillón viejo de cuero, mientras uno de sus ojos cae sobre el piso de madera y una lombriz escapa por una de sus fosas nasales dice: —Hola bebe, bienvenido a casa.   

viernes, 10 de noviembre de 2017

Sin titulo

Aquel recuerdo era lo único que guardaría de ella. Le gustaba la suavidad de la tela. Lo acercó a su nariz, aún guardaba el aroma de ella, la mujer que había compartido su cama hace pocas horas. Su pene se endureció un poco al recordarla cuando solo vestía aquel calzón negro. Apretó la prenda con fuerza, mientras revivía cada una de las caricias que le había hecho. Abrió uno de los cajones de su armario y lo depositó junto a los otros 27 que habían pertenecido a las mujeres que probaron la dureza de su verga y el filo de su navaja. 

viernes, 3 de noviembre de 2017

ANDRÉS

La perra está a punto de morir. Mis balas se encargarán que eso ocurra. El arma pesa, solo tengo dos disparos antes de que me explote en las manos. Estos serán suficientes para que deje de respirar. Esta retrasada a nuestra cita. La espero a oscuras en la sala de su casa. El lugar donde asesinó a mi mejor amigo. Quince puñaladas le bastaron para acabar con un matrimonio de doce años. Desde que Andrés la conoció en la universidad no pudo amar a otra mujer. Él no se parecía a mí, nunca pase de tercer semestre de derecho, me la pasaba tomando por aburrimiento y me comía todo lo que pudiera quitarle los calzones. Fue el único que se quedó conmigo, a pesar de que mi vida era una mierda. Me convertí en un matón. No era el dinero, ni las mujeres, era el placer de poder romperle la cara algún hijo de puta de vez en cuando. No sé si es venganza o solo rabia, pero aquí estoy esperándola. Todos se burlaron de él cuándo fue a la policía a decir que su mujer le pegaba. Nadie le puso cuidado, nadie se preocupó. Debió llamarme pero jamás lo hizo. Tal vez por vergüenza o porque mi teléfono estaba siempre apagado, es que ese fin de semana le estaba cuidando el culo al patrón, mientras él se lo rompía a dos niñas de 16 años.
No soy un buen tipo, pero esta zorra pagará por lo que le hizo. Ya llegó, puedo percibir su perfume barato, oigo la llave abriendo la puerta. Trato de detener la respiración, quiero que no se entere que estoy aquí, por lo menos hasta que le meta el cañón del arma por la garganta. El sonido metálico de sus tacones indica que ella ya está dentro. Enciende la luz y deja escapar un grito aterrador al verme.
—Tu… acá –dijo con la voz entrecortada— aunque me lo esperaba, siempre fuiste su madre.
—Cállese, no merece mencionar ni su nombre —exclamé.
—Siempre has sido lento para entender las cosas. Te amo. Lo hice por ti.
—Solo fue sexo, solo sexo, sucio y barato.  —Recordé esa noche en que llegué a su casa borracho y trabado, buscando a Andrés para que me acompañara a donde la gorda Fanny, él no estaba, ella me hizo seguir, se sentó en mis piernas, metí los dedos dentro de sus calzones, lo demás se lo pueden imaginar, arruiné la vida de mi amigo en 30 minutos. —Él no tenía que morir por lo que pasó.
—Ahora eso no importa… además era un idiota, me tenía aburrida, ahora soy libre de hacer lo que yo quiera. Bueno, si primero bajas eso. —Camina hacia mí, mueve su cuerpo para que su vestido me muestre que no lleva ropa interior. Se siente segura de lo que hace cuando ve que mi verga se pone dura.

—Andrés era lo único bueno que yo tenía. Por ese pobre inútil, yo hubiera dado mi vida. —Disparo las dos veces, la primera le rompe una de sus tetas de silicona, la otra le destruye la mitad de la cara. Me levanto de la silla, escupo sobre su sangre, me acomodo el pantalón para que no se note la erección y  me marcho.