Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

viernes, 28 de abril de 2017

Sin titulo

El joven patrullero tuvo que sostener a su sargento mientras este expulsaba los intestinos por la boca. La escena era dantesca en aquella habitación de ese pequeño hotelucho perdido en las calles de la ciudad. El asesino se había tomado su tiempo con sus dos víctimas, las había abierto con la precisión de un cirujano, para sacarles las entrañas y clavarlas en la pared formando una imagen grotesca del divino niño. Y con la maestría de una vieja costurera cosió los cuerpos para que las dos hermanas jamás se separaran. —Esto es una mierda —Exclamó la muerte. Esta tembló de miedo al ver la sombra del hombre que cojeaba y se alejaba con lentitud del lugar.

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