—Yo
lo haré —Dijo el detective. El ángel lo miró con tristeza pero aun así no dijo
nada.
—No
deberíamos hacerlo —exclamó el vampiro.
El
caballero golpeó la mesa con el puño y dijo con rabia —Si no lo hacemos
moriremos. Aunque me duela admitirlo su corazón debe volver a sangrar, él debe
sufrir o nuestro destino es morir.
El
ángel dejó caer la copa de whisky de sus manos —Es absurdo, queremos causarle
el mismo dolor que nos hizo nacer, no lo entiendo. A mí se me condeno a no verla
por el resto de la eternidad, y no me tienen llorando porque el escritor no quiere contar más sobre mí y mi tragedia.
—Tu
nunca cambiaras —replicó su compañero—Es hora de tomar una decisión.
Tres
a uno fue la votación, y una lágrima de sangre recorrió el rostro del ángel.
—La
decisión está tomada, ella debe desaparecer.
Desde
que él cuenta historias la encontró, la besó y le entregó su corazón, dejó de viajar a los mundos que existían en su
cabeza.
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